El TC exige al ministro proteger y fomentar la Tauromaquia. ¿Habrá que declarar el sexo Patrimonio Cultural, como los toros?

“La ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento” (ignorantia juris non excusat o ignorantia legis neminem excusat) es un principio de Derecho que indica que el desconocimiento o ignorancia de la ley no sirve de excusa para su cumplimiento, porque rige la necesaria presunción de que si una ley ha sido promulgada, debe ser por todos conocida.

Pero se ve que el ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, debe pensar que los principios generales del Derecho no van con él, aun siendo él mismo un filósofo del Derecho, y se permite ignorar en sus declaraciones públicas las exigencias y deberes que las leyes le imponen en materia de protección de cultural y especialmente en lo que se refiere a la tauromaquia.

A preguntas del matador de toros Pablo Aguado en una entrevista publicada en el diario El Mundo, proclamó el ministro hace unos días que “Yo no debo fomentar ni recomendar ir a los toros”, lo cual no es sólo falso sino que no aclara en calidad de qué ha podido llegar a semejante conclusión, si es como ministro o como ex delegado del Gobierno o si como miembro de la Ejecutiva Federal de su partido.

Su error es pueril pero de una gravedad sustancial por cuanto tiene de olvido o ignorancia de una de sus áreas de competencia sustanciales al tratarse de la obligación inherente a su departamento de garantizar la conservación y promover el enriquecimiento del patrimonio cultural en todo el territorio nacional.

En la sentencia 177/2016 del Tribunal Constitucional se estableció claramente la inconstitucionalidad de la Ley dictada por el Parlamento catalán que pretendió prohibir la celebración de corridas de toros en su territorio. En virtud de ello, dicha sentencia expresó con rotundidad que “La Ley 18/2013 [de 18 de noviembre, para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural] define la tauromaquia como “el conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas, incluyendo la crianza y selección del toro de lidia, que confluyen en la corrida de toros moderna y el arte de lidiar, expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español” —y, por extensión, toda manifestación artística y cultural vinculada a la misma— (artículo 1) que, como tal, “forma parte del patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio nacional, de acuerdo con la normativa aplicable y los tratados internacionales sobre la materia” (artículo 2)”.

Dicho esto, la citada sentencia añadía que “La preservación de la tauromaquia como patrimonio cultural pasa por la imposición del deber a los poderes públicos de garantizar la conservación y promover su enriquecimiento, de acuerdo con lo previsto en el art. 46 CE (artículo 3), a través de las medidas específicas que contemplan tanto la Ley 18/2013 como la Ley 10/2015”.

Queda por averiguar, pues, de dónde le surge la duda al señor ministro de Cultura y Deporte, que lo es también en el ámbito del mundo taurino, para abstenerse de garantizar la protección y promover el enriquecimiento del mundo de los toros o cómo piensa hacerlo compatible si se abstiene de fomentarlo y recomendarlo desde su departamento.

Tal vez tampoco se atreverá a fomentar ni a recomendar la asistencia a nuestros museos o quizá se esconda para no hacer lo propio con el cine español. No se entiende ni puede aceptarse tan profusa obnubilación ministerial, algo a lo que se diría que nos quieren acostumbrar a los ciudadanos desde este gobierno donde cada cual suelta una ocurrencia donde le parece oportuno, así como los patos ponen los huevos donde les apetece y algunas ministras pregonan que se meten en la cama con quien les da la gana, cosa, ésta última, que la ley le permite…, siempre y cuando, claro está, obtenga el consentimiento de la persona (o animal) en cuestión.

Por cierto, que semejante decisión es la que dicha ministra pretende prohibir a sus ‘semejantas’ si a cambio de ello exigen un justiprecio. A este paso habrá que salvaguardar también las otras ‘corridas’ y la libre decisión de las personas en materia de sexo como “Patrimonio Cultural Inmaterial”, como los toros.




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