El Partido Popular vuelve a autorizar la prórroga de un estado de alarma de dudosa constitucionalidad

Para millones de ciudadanos están ya superados los tiempos de otorgar confianza a un Gobierno que ha hecho de los sucesivos estados de alarma aberraciones con la democracia y su ámbito de libertades individuales. Sin embargo, también para esos millones de ciudadanos, esto no hubiera sido posible sin la cobertura que para causar esos estragos  -en paralelo con los de la pandemia-  le ha permitido el Partido Popular, para muchos observadores políticos más cerca ya de la complicidad que del interés general. Cuando hoy el presidente Sánchez ha perdido una cantidad considerable de apoyos para aprobar la tercera prórroga del estado de alarma, Casado vuelve a extenderle otro peligroso cheque en blanco para quince días. Y aún no se sabe si el Partido Popular legitimará otro plazo más de un confinamiento puesto en duda constitucional por relevantes juristas.

Sánchez ha vuelto a pedir este miércoles la autorización necesaria del Congreso de los Diputados para prorrogar por tercera vez el estado de alarma. Ha advertido que desea que transcurridos quince días más se dé paso a la desescalada, pero con prudencia y cautela. Comprende su plan hacerse con el control total de los territorios y zonas más contaminadas, ejecutarlo con medidas de prevención en centros de trabajo y educativos, además de esperar una actitud responsable de la ciudadanía ajustándose al cumplimiento de las reglas de higiene y mantenimiento de las distancias de seguridad entre unos y otros. Ha afirmado que la desescalada será lenta porque tiene que ser segura. Y también que el ritmo del combate a la pandemia irá marcando los pasos hacia adelante o, si fuere necesario, hacia atrás.

Por más que el presidente se ha esforzado en su intervención, ha encontrado reducidos los votos para apoyarle en Junts per Catalunya, posiciones que se van sumando a las de VOX y CUP,  además de abstenciones como Bildu y ERC. Pero se halla de nuevo respaldado por el Partido Popular para que los españoles se vean más tiempo obligados  al confinamiento, un estado que ya causa, además de gravísimos desastres económicos, una enorme ansiedad al soportar una situación de desasosiego político, por tener la impresión de que se están secuestrando derechos fundamentales como la libertad de movimientos.  

El líder del Partido Popular continúa interviniendo en su natural tono enérgico contra las actuaciones del Gobierno socialcomunista, pero por lo mismo sigue resultando incongruente e incomprensible para la mayoría de su electorado, el que en redes se manifiesta a diario desorientado ante la deriva democrática que está facilitando precisamente el Partido Popular, una formación que pareciera sufrir una especie de síndrome de Estocolmo en la pura contradicción de apoyar a un presidente al que acusa  -como ha hecho el portavoz popular García Egea-  de tener un “Gobierno roto”.

Por su parte Vox, en su línea de firmeza para oponerse como tercera fuerza política a los desmanes diarios del Gobierno socialcomunista, ha soltado por boca de su líder Santiago Abascal toda una perla: “No son capaces de repartir mascarillas, pero sí de amordazar a los españoles”.

Ciudadanos, con la representación al pastel que aporta Inés Arrimadas para un partido casi pulverizado, por muchos esfuerzos inútiles que pretenda la nueva líder, ha pedido algo tan antinatural para el Gobierno, “altura de miras”.




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