El Metro de Sevilla pierde la medida y el alcalde los papeles

A los socialistas de la nueva era les va tela cambiarle el nombre a las cosas ya que no saben llamarlas por el que es (ni quieren). Si hablan de memoria histórica, es realmente amnesia; con la violencia de género han desguazado la presunción de inocencia de los hombres, viniendo a decir que todos los hombres son machistas, maltratadores o asesinos mientras no se demuestre lo contrario (si la policía hablara en público lo que larga en privado); y cuando argumentan que sacar a Franco del Valle es reconciliar a los españoles, se trata de volverlos a enfrentar.

La política socialista de ahora es una política de seudónimos, de nombres de estrellas tras los cuales se esconde el verdadero, que no tiene nada que ver con el artístico.  Recuerdan a cuando descubrimos que Marisol se llamaba Pepa Flores, o que Massiel tenía el nombre auténtico de María de los Ángeles Santamaría.

Cuando Felipe González anunció que en Sevilla iba a haber una Expo,  hubo una Expo, a nadie le cupo duda de que aquello fue una Expo. Pero en los tiempos de este neo socialismo al que tiene que cantarle las cuarenta hasta Alfonso Guerra, dice Juan Espadas que va a construir el Metro y te sale con un cacharrito de la calle del Infierno.

Ya viene Espadas con toda la marcha atrás de haber pasado las Elecciones. Y lo que iba a ser un Metro como son los metros, que es por debajo de tierra, ahora nos sale con más tranvías en superficie. Ha perdido las medidas y los papeles, porque parece no acordarse de lo que estaba ya proyectado por un huevo de miles euros.

Espadas, que se ha subido el sueldo y el de toda la corporación municipal porque le quitaba el sueño no estar equiparado en retribuciones con sus homólogos de las grandes capitales, duerme bien tranquilo con las desigualdades de Sevilla respecto de tantas ciudades. Y en el caso del Metro, debe andar poco viajado para saber lo que es un metro en Madrid, en París o en Milán. Le gusta el de Berlín, que discurre en gran parte al aire libre; pero ignora la de bollos que ha comido ese metro siendo subterráneo antes de emerger en superficie.

La única boca del Metro sevillano ha sido la del alcalde harto de repetir que se construiría subterráneo. Pero en su política de inspiraciones que se saltan las planificaciones, ahora dice que para abaratar costes hay que extender el Metro por la superficie. Ya podrían haberle asistido las musas durante la campaña electoral, no ahora.

El grupo Popular del Ayuntamiento  -con Beltrán Pérez a la cabeza-  se opone, y con razón, a las propuestas de este alcalde de Metro etéreo. Espadas no puede seguir cruzando por las calles jugando a los mecanos, con niveles ya bajísimos de usuarios, una media de poco más de 50 diarios en proporción a lo que se invirtió, según cálculos de expertos franceses que califican casos como el de Sevilla de auténtico disparate, sin alcanzar los óptimos de lo que el país vecino llama la utilidad social.

Con más tranvías, además de bicicletas y patinetes sin vigilancia y a su libre albedrío, no se favorecerá la auténtica movilidad de los sevillanos, que ya empiezan a cansarse de vivir en la trampa de una falsa peatonalización. Sevilla quiere un Metro de verdad que construya un Ayuntamiento serio, no un trenecito que traigan los Reyes Magos. No haga magia, alcalde; haga grande a Sevilla.   




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