El emir de Sharja que exige la devolución de la Mezquita de Córdoba es el mismo que iba a financiar en Los Bermejales la Gran Mezquita de Sevilla

El emir Sheikh Sultan bin Muhammad Al-Qasimi, el gobernante del emirato de Sharjah, uno de los siete que integran los Emiratos Árabes Unidos, que ha asegurado hace dos días en una entrevista a Sharjah News que “la Mezquita-Catedral de Córdoba debe ser recuperada” es el mismo que impulsó en 2004 la construcción de una mezquita en el barrio de Los Bermejales de Sevilla.

Un año antes, en 2003, se había procedido a la inauguración de la mezquita del Albaicín de Granada, la primera que se construyó en la ciudad desde 1492, también financiada por Al-Qasimi, en cuyo barrio se conoce desde hace tiempo la existencia de una ceca ilegal en la que se acuña moneda en oro y plata, a modo del dirham, siguiendo las instrucciones de las ramas más radicales del Islam, cuya intención es generar el colapso financiero de los países occidentales.

“Es un regalo -declaró Al-Qasimi a Sharja News refiriéndose a la Mezquita-Catedral de Córdoba- para aquellos que no lo merecen, porque es propiedad de los musulmanes. Pregunté y me dijeron que el municipio entregó la mezquita a la Iglesia”, añadió.

La polémica por el proyecto de la mezquita de Sevilla se remonta al menos a 2004, cuando el Ayuntamiento del socialista Alfredo Sánchez Monteseirín firmó la cesión de unos terrenos en los Bermejales a la Fundación Gran Mezquita de Sevilla, perteneciente a la Comunidad Islámica de España, para la construcción de un macro centro de oración en dicha zona.

Al principio, los promotores del proyecto apuntaron siempre al sultán Al-Qasimi como principal promotor del proyecto, pero la intensa oposición vecinal a través de la Plataforma Bermejales 2.000 y unas filtraciones que el candidato andalucista de aquel momento, Agustín Villar, apuntó durante un mitin señalando a la financiación del mismo por parte de grupos radicales, hicieron variar la cuestión. Desde entonces, los promotores de la Mezquita no quisieron ni oír hablar de jeques y reiteraron que la construcción se sufragaría con donativos «anónimos». El proyecto quedó arrumbado, finalmente, al ser rechazado por los tribunales.

Desde entonces para acá ha habido nuevos intentos de obtener los permisos para la edificación de una mezquita en la capital hispalense, también a través de otras asociaciones, como es el caso de la Comunidad Islámica Ishbilia. Entre las zonas elegidas por sus promotores estuvieron el barrio de San Jerónimo, la Isla de la Cartuja y, más recientemente, el barrio de Sevilla Este, habiendo sido rechazados todos los proyectos hasta la fecha, bien por las trabas de la Administración Local de los alcaldes Juan Ignacio Zoido (PP) y Juan Espadas (PSOE) o bien por reveses judiciales a las pretensiones de dichos grupos, el último de los cuales tuvo lugar en 2017.

Al jeque Al-Qasimi se le relaciona también con la idea de levantar la gran mezquita de Córdoba, proyecto al que también se opuso en su día el Ayuntamiento e incluso anunció la construcción de otros centros en La Rioja y Barcelona. El propio emir abanderó en 2006 el boicot contra Dinamarca en la llamada crisis de las caricaturas.

Los musulmanes siempre han querido recuperar el uso de la Mezquita-Catedral de Córdoba y en los últimos años se vieron favorecidos por las maniobras políticas no sólo de la ex presidenta de la Junta Susana Díaz, sino también de la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, quien ha mencionado en alguna ocasión la posible reclamación sobre la titularidad de la Giralda y que promovió la consulta y la realización de estudios jurídicos sobre la propiedad y uso del recinto cordobés. Dichos estudios establecieron firmemente que la propiedad y uso de la mezquita pertenecen al Cabildo eclesiástico.

En el año 2006, la Junta Islámica de España llegó a escribir al Papa Benedicto XVI para permitir el rezo de los musulmanes en la Mezquita-Catedral de Córdoba. La petición fue rechaza e incluso el propio obispo de Córdoba aseguró que la petición «puede tener sentido circunstancialmente en un aeropuerto o en una villa olímpica, puesto que no se trata propiamente de templos sino de lugares de oración, pero no en el caso de una catedral».


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