El documental “Un siglo de Amarguras” no consigue la prueba de paternidad de la famosa marcha

En el teatro de la Fundación Cajasol ha sido presentado el documental “Un siglo de Amarguras”, de Mario Rodríguez Balbontín y Carlos Varela Bastida. Se trata de un amplio reportaje persiguiendo aclarar la autoría real de la marcha que, con el tiempo, acabó convirtiéndose en el himno de la Semana Santa de Sevilla. La proyección ha tenido carácter de clausura de la conmemoración del centenario de la genial composición.

 

 

El cronista que esto escribe no tiene la más mínima intención de enmendar el objetivo prioritario de este documental, que es según sus autores “poner de relieve la figura de dos importantes músicos sevillanos: los hermanos Manuel y José Font de Anta”. Cada cual es muy libre de señalar sus fines, pero discrepo después de analizar el conjunto de este laborioso y loable montaje a base de interesantísimas piezas. “Un siglo de Amarguras” está condicionado por la polémica surgida desde que los hijos de José Font de Anta, y tras el fallecimiento de su padre, reivindicaran para su progenitor la auténtica autoría de la marcha. Antes de que, hace más o menos una década, se revelara públicamente a José como verdadero compositor de “Amarguras”, siempre se había nombrado con la mayor naturalidad a Manuel como su inequívoco creador.

Yo mismo, en 1981, siendo director de la revista Sevilla Nuestra, visité el domicilio de los Font de Anta en la sevillana calle de Miguel Cid. Me acompañó para realizar las fotografías Jesús Martín Cartaya, que al cabo de los años es un válido testigo de lo que yo escuché y grabé en magnetófono. Nos recibieron José Font de Anta y su hermano Julio, un amable abogado del que aún conservo la tarjeta que me ofreció. Yo no fui a averiguar la autoría, porque en aquel momento estaba bien sentado que era de Manuel Font de Anta, entre otras cosas porque la Hermandad de La Amargura tenía  -y tiene aún-  en sus dependencias, junto a la vitrina del manto de salida de la Virgen, la partitura original enmarcada y con la dedicatoria y la firma bien visibles de Manuel. Yo sólo pretendí  -pues por donde la historia alcanzaba en aquellos años no había otra posibilidad que plantearse-  averiguar el punto de partida de la marcha más famosa de la Semana Santa de Sevilla. Y lo que escuché y grabé no pudo estar más claro ni menos discutible, sin nada que sospechar en contra: José y Julio me contaron a su fallecido hermano Manuel como al autor de “Amarguras”. Me ha resultado muy curioso descubrir por el documental que la misma ocurrencia de presentarse en casa de los Font para indagar los orígenes de la marcha, ya la tuviera y llevara a cabo en 1955 José Luis Garrido Bustamante. Me ha resultado curioso y hasta halagador para mí saber que coincidí en una idea con alguien a quien yo he admirado tanto y siempre en las suyas, el mejor locutor y la mejor voz que hayan tenido nunca las retransmisiones radiofónicas y televisivas de la Semana Santa de Sevilla.

El parecer sobre la autoría de “Amarguras” se va distribuyendo a lo largo del documental entre las intervenciones, a manera de fragmentos de entrevistas, del propio Garrido Bustamante,  de Francisco Javier Gutiérrez, director de la Banda Municipal de Sevilla, Carlos Colón, Antonio Zoido, Manuel Marvizón e incluso, entre otros, uno de los hijos de José Font de Anta.

El argumento central que se declara como gran justificante para atribuir a José Font de Anta la autoría de la marcha “Amarguras” es, por parte de sus hijos, la consideración de que el músico  -virtuoso violinista-  quiso tanto a su hermano que, tras su muerte dramática a manos de criminales milicianos que lo ejecutaron, permitió la creencia de que “Amarguras” la había compuesto Manuel, buscando así la mayor gloria de su nombre. Aunque el registro de autores de la composición estuviera realizado y firmado por José.

No obstante, el maravilloso documental, largamente trabajado, se resiente en dos lagunas, principalmente. La primera es no haber explicado por qué si la marcha está dedicada a la Virgen de San Juan de la Palma se tituló “Amarguras”, en plural, no en singular como la advocación de la Dolorosa. Los hermanos Font me aclararon que así lo quiso Manuel porque pensaba que las amarguras de la Virgen habían sido muchas, no sólo una. Y el segundo vacío está en no haber planteado una cuestión valiente: Si José quiso tanto a su hermano Manuel y este, a la recíproca, a su hermano José, ¿cómo se hubiera atrevido Manuel a presentar a la Hermandad de La Amargura la partitura de la marcha, firmándola sabiendo que era de José?

De “Un siglo de Amarguras” puede extraerse documentalmente, con claridad meridiana, que se dieron dos actos respecto a su paternidad. Un acto administrativo, con la firma de José en el Registro. Y un acto artístico con el autógrafo de Manuel cruzado sobre los pentagramas del que denominó “poema sinfónico en forma de marcha fúnebre”. Por otra parte, resulta curioso que no se haya aludido a la contemplación del ámbito judicial que quizás produjera en algún momento una resolución sobre este dilema de la autoría real de la obra.

En resumen, la verdad de “Amarguras” se la llevaron Manuel y José, junto a su padre  -que la encargó-, al otro mundo. Aquí, en Sevilla, va de las creencias de los unos a los otros. Y, por encima de todo, surge y vive en el aire más puro y más pleno de cada primavera.




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