El comercio sevillano rebajado a la desesperada

Los escaparates se han convertido en un puro grito de la desesperación por la que pasa el comercio sevillano. Lanza reclamos urgentes bajando los precios hasta no se sabe dónde lograrán una mínima rentabilidad para subsistir. El comercio sevillano está al límite, enviando SOS desde sus cristales, con descuentos cada día mayores, en cuestión de horas a veces, dejando clara una angustiosa intención de tanteo del público para conseguir que al menos entre en sus tiendas, casi vacías.

 Que se ha padecido una pandemia es indudable. Pero también la gente es consciente de que no sólo está la crisis sanitaria como argumento para explicar el desastre económico que inunda al país y, por supuesto, a Sevilla. La ciudadanía señala como máximo responsable al Gobierno de Pedro Sánchez, que ha prorrogado sucesivamente y hasta la saciedad de su hambre dictatorial el estado de alarma y el confinamiento, tantas veces puesto en tela de juicio constitucional por expertos juristas.

Tantas ambiciones desmedidas de poder por parte de Sánchez han dejado malheridas a las ciudades españolas, presentando el lamentable estado de decaimiento económico que puede comprobarse, sin ir más lejos, en una ciudad como Sevilla, irreconocible en su aspecto comercial, mutilados los comercios en sus posibilidades para rehabilitarse de la barbaridad que ha sido obligarlos a no abrir en meses (justo los meses de su famosa primavera).

En muchos de ellos dedicados a lo textil, la incipiente clientela no puede usar los probadores, y se va dejando la ropa sin comprarla. Ni siquiera vale el intento de estimular las ventas dando toques de atención por todas partes con innumerables carteles que señalan descuentos impensables en otros tiemposHasta el 70% han llegado las rebajas de muchos establecimientos prácticamente tirándose al vacío para intentar animar al público. Pero apenas hay público. Se percibe perfectamente que el duro golpe asestado a los bolsillos domésticos por la política totalitaria  del Gobierno, ha dejado sin posibilidades de alegrías dinerarias a miles de familias.

Mientras tanto, tampoco llega el turismo. Nadie da credibilidad a los pronósticos ilusorios de un alcalde como Juan Espadas, incapaz de hacerse con una situación de la que es máximo responsable el partido al que pertenece, el PSOE. Lo menos conveniente para Sevilla en estos duros momentos es que su máximo regidor sea una especie de Quijote que siempre mira todo desde un defecto natural de distorsión de la realidad. Y siempre está zarpando en un Titanic que acaba sumergido en palabras y expresiones de nuevo cuño cada vez más patéticas, como la movilidad sostenible o el acceso universal de Sevilla: vamos, que haya bicicletas y patinetes circulando a su libre albedrío poniendo a diario en peligro la integridad física de miles de peatones, y que se supriman y superen las barreras arquitectónicas de las calles en pro de las minusvalías físicas en las personas.

Cuente el alcalde los cuentos que quiera, incompetente absoluto según miles de sevillanos, salta a la vista de cualquier realismo que se precie una ciudad con respiración asistida, comercialmente debilitada, con la mayoría de sus locales cerrados, de imposible apertura a tenor de unos decretos y unas órdenes que han establecido de antemano el fracaso para quien levante una reja y suba el costoso telón de cada día. Encima ahora, la abuela que faltaba por parir se abre de piernas: el inteligentísimo Sánchez va a subir los impuestosSeguro que le sigue el triunfalista Espadas, que sabrá imaginarse de Sevilla todo lo contrario a una ciudad que está ya a precio de saldo.


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