El cierre del Habanilla, otro pellizco en la Alameda al alma de Sevilla
De las putas y las jeringuillas a las franquicias y la gentrificación de un no-lugar

El maravilloso café Habanilla , esencia de esa Alameda de Hércules post Expo, de la nueva Sevilla de los 90, echó ayer el cierre definitivamente después de 27 años de copas, música, agitación cultural y enseñanza del camino que había que seguir para recuperar ese espacio.

José María Román, alma máter del local, manifiesta abiertamente su tristeza por haber tenido que cerrar y desgrana cómo han sido los acontecimientos.

“Es una pena, pero se ha dado así. Hace 28 años firmé un contrato de alquiler del local de por vida, pero cuando mi socio y yo nos separamos, pactamos hacernos cargo dos años cada uno. Pero él no cumplió”.

Eso hizo que el contrato de alquiler quedara roto y José María firmara otro, por cinco años y renovable. Cuando quiso renovarlo, hace siete años, la propiedad le dijo que no aceptaba porque quería ceder el local a sus nietos y se inició un pleito cuya resolución ha precipitado la pandemia: “Con el confinamiento y las restricciones no puedo asumir el alquiler de 2.500 euros y decidí no seguir con el proceso. Ayer mismo entregué las llaves en el juzgado”.

¿Y ahora qué? ¿Qué pasará con el Habanilla? Con sus aparatos de radio antiguos, con su suelo antiguo rescatado de un convento, la barra art-decó pegada al mostrador…

“Las radios son mías y me las he llevado, igual que la barra. Pero ni el mostrado ni el suelo puedo quitarlos. No sé lo que harán con el local, aunque supongo que otro bar”, dice sin ocultar su desazón.

Con el Habanilla no sólo desaparece un bonito bar de copas de la Alameda. Desaparece un pedazo de su carácter, el que adquirió cuando, por el Plan Urban y varias buenas gestiones municipales, se recuperó el jardín público más antiguo de Europa. Pasó de la degradación más absoluta, de las putas, fogatas y jeringuillas a un lugar alternativo, accesible a todos y con carácter. El camino que recorre ahora, con pasos como este, es el que acaba en las franquicias, la gentrificación y su conversión en un no-lugar.

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