El alcalde sumiso y la Junta “malaguita” contra la Feria

Entre que al alcalde de cartón-piedra, Juan Espadas, que ha cogido carrerilla para ser el candidato de Pedro Sánchez en las autonómicas, es más fácil verlo por las calles en Málaga que en esta ciudad arruinada y que el Palacio de San Telmo y sus alrededores han sido tomados por el “frente boquerón”, a Sevilla y a sus tradiciones después de la pandemia (si ese día llega) no la va a reconocer ni la madre que la parió.

Comenzó Espadas traicionando la costumbre de que al menos un día de la Feria de Abril cayese en el mes que le otorga nombre, aunque para ello algunos años hubiese que dejar sólo una semana entre una y otra fiesta en lugar de dos y continuó adelantando el inicio de la Feria a un sábado o un viernes, en lugar de iniciarse el tradicional “Lunes del alumbrao”.

Más allá de que para algunos podría durar la Feria todo el año y dan por bueno cualquier ataque a los pequeños equilibrios de las tradiciones, ya el año pasado el Ayuntamiento del PSOE y de Podemos tentó al demonio con la posibilidad de aplazar la misma a las fechas de San Miguel, cosa que tampoco pudo ser porque la pandemia, con la que habíamos acabado en junio, según Sánchez, volvió con sus rebrotes en septiembre una vez que el gran embustero dio por finalizadas sus vacaciones en Doñana, no antes.

Hace ya algunos años, otro ayuntamiento del PSOE, con Alfredo Sánchez Monteseirín a la cabeza, sondeó la posibilidad de construir casetas de dos alturas, porque se ve que los socialistas no se atreven casi nunca con la Semana Santa del Consejo de Cofradías y de la Iglesia, pero en la izquierda llevan décadas empeñados en cargarse la Feria de Abril a costa de lo que sea, introduciendo modificaciones mayormente delirantes y con la excusa de ‘democratizarla’, porque no han perdido nunca la esperanza de convertirla en una macrobotellona horizontal que les alivie la mala conciencia de que son ellos ahora “la nouvelle bourgeoisie” que tiene acceso a los reservados y a las casetas con guardia en la puerta todo el día.

A la izquierda municipal casi todos los experimentos con la Feria le salieron rana y fracasaron, incluido aquel lejano invento del amigo Ortiz Nuevo de llenar la Feria de puestos de lechuga, pero cada cierto tiempo barruntan una nueva estrategia o una novedad imposible que desvirtuaría el carácter familiar o asociativo que a lo largo del tiempo ha ido tomando la Feria, sustituyendo el viejo cliché de fiesta cerrada de propietarios ricachones de espaldas al pueblo.

Lo próximo que se les ha ocurrido ahora es lo de transformar el centro de Sevilla en una Feria y animan a que los hosteleros, que ya les han dicho nones, disfracen sus locales de casetas con farolillos y sevillanas atronando desde la puerta a través de los altavoces, como ocurre en esa macro discoteca horrísona en que los malagueños transforman su hermosa ciudad durante la insoportable feria de agosto.

Sin cortarse un pelo, el Ayuntamiento de Espadas propone a las sevillanas, por si cuela, que luzcan sus vestidos, mantones y peinetas en esos días y se vayan al bar de la esquina o a pasearse por El Corte Inglés (si para entonces no ha pegado también el barquinazo y ha cerrado) sólo por participar en la parodia que degrade aún un poco más nuestras largas tradiciones y banalice otro poco más también la sustancia de la que proceden.

En San Telmo y sus parcelas adyacentes de poder, por si fuera poco, se ha instalado un ‘comando malaguita’ (nacidos o recriados en aquella burbuja) que se prolonga desde el presidente y el vicepresidente (Moreno y Bendodo) hasta el director general de la RTVA, Juan de Dios Mellado, y continúa a través del presidente del consejo de administración, Rafael Porras, y el director de facto de los Informativos, Teodoro León Gross (ni uno sólo de ellos proviene del mundo de la TV y sobre ‘las chicas’ del reparto secundario hablaremos otro día), a los que cabe suponer altamente satisfechos con este genuflexo modo de plegar velas y esta sumisa cesión en las costumbres y en las tradiciones por parte del máximo representante municipal de la capital andaluza, quien parece rendir banderas y se muestra disponible para que las tradiciones sevillanas se vean asaltadas por esta suerte de vinagre que lo descomponga todo aprovechando la pandemia.




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