Distinciones de Andalucía, el gran espectáculo de la convivencia

Aunque tantas veces se diga que del gusto no hay nada escrito, lo cierto  -y derribando un refrán más de los que están apuntalados por una improvisada idea más que por una sólida reflexión-, lo cierto es que del gusto se escribe todo. Eso se hará también sobre el acto institucional de la Junta que hoy ha distinguido los méritos de personas y entidades de varia naturaleza que han recibido la medalla y los títulos de Andalucía.

Pero por encima de opiniones legítimas sobre el desarrollo del acto llevado a cabo en el Teatro de La Maestranza, de Sevilla, se ha ofrecido por parte de todos los presentes, público en general y galardonados en particular, y en directo a través de la televisión andaluza, el maravilloso espectáculo de la convivencia.

Para empezar, porque los galardonados han representando en su elección por el Consejo de Gobierno un amplio espectro de la sociedad, que ha sabido comprender desde La Legión impagable por nuestra defensa,  a un torero “vencedor del tiempo”, en definición de Antonio Burgos. El arco de la representatividad de los andaluces ha abarcado desde el reconocimiento de los Valores Humanos en la persona de Ana Bella Estévez Jiménez (incansable luchadora de la supervivencia femenina frente a la violencia machista), a la Proyección de Andalucía debida al Salón Internacional del Caballo, el Sicab.

La bellísima pintura literaria declamada magistralmente por el ya Hijo Predilecto Antonio Burgos, ha sido un ejemplar examen de conciencia histórico para no olvidar la importancia de ser andaluces, los que hace 40 años decidieron no querer ser más que nadie, pero tampoco menos que nadie.

La entrega de los premios de este año, que ha visto cómo un Gobierno no socialista  -el que en fechas como esta siempre fue tan sectario y nada democrático- ha concedido una de sus distinciones precisamente a un socialista, Rafael Escuredo, con toda justicia, una virtud nada común entre socialistas, la entrega repetimos, ha puesto en evidencia y manifiestamente que no sólo Andalucía es posible, sino que España es posible. Y es más, frente a independentismos y a un Gobierno estatal que desguaza a diario una bellísima construcción de siglos  -pagada tantas veces con sangre de españoles-, no es que Andalucía y España sean un deseo constante de realidad, es que Andalucía y España no tienen, por fortuna, más remedio que ser posibles. La mañana de este día, en el 40 aniversario de un sueño, debería guardarse como la mejor memoria histórica del espectáculo real y verídico de la convivencia.




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