Continúa la alarma social por la inseguridad de los sevillanos en los alrededores del Tanatorio de la SE-30

Acudir al Tanatorio de la SE-30 se ha convertido en un auténtico peligro para los sevillanos. Quienes se dirigen al edificio por diferentes motivos (trabajadores, familiares de fallecidos o, en general, cientos de personas que se dirigen allí para expresar sus condolencias o asistir a los servicios religiosos oficiados en las capillas), se ven abordados por decenas de mendigos tan pronto se bajan de sus coches y empiezan a caminar hacia la puerta del Tanatorio. Los pedigüeños -gorrilas- actúan amenazantes con pinchar las ruedas de sus vehículos si no se les da dinero y, en muchos casos, asaltan al público por el procedimiento del tirón, haciéndose con bolsos y otros objetos.

La situación se ha hecho verdaderamente peligrosa, pero una vez más la vigilancia policial del Ayuntamiento brilla por su ausencia. Y sigue resultando increíble que no se pongan soluciones donde todo el mundo sabe -por supuesto también el Ayuntamiento- que hay problemas, problemas diarios, constantes, sin que cesen, absolutamente servidos en bandeja en cualquier momento si se tienen voluntad y energía para erradicarlos.

El Tanatorio cuenta con un párking de pago, un modo de ampararse en el mejor de los mundos posibles para no sufrir ataques ni robos. Pero no siempre es infalible encontrar plaza. Algunos fallecimientos de personas de renombre y relevancia social -como ocurriera con el empresario Pepín Lirola- provocan que el aparcamiento se encuentre al completo; entonces ya no queda más alternativa que la calle, donde prolifera un personal sospechoso de delincuencia y ante el que los transeúntes sienten el temor de ser agredidos o violentados.

La zona ocupada y dominada a todas horas por los mendigos es bien amplia, extendiéndose prácticamente desde la puerta del Tanatorio hasta la del cementerio de San Fernando. Es una larga franja que cubre la rotonda más próxima al Tanatorio y se distribuye por los aparcamientos en superficie situados enfrente del camposanto.

El peligro de bajarse de los coches ha llegado a ser tan evidente que ya desde el semáforo de la avenida del Doctor Fedriani, cercano a los puestos de flores del cementerio, hay gente que avisa de la grave situación y recomienda usar directamente el párking privado y con tarifa del Tanatorio.

Mientras tanto, el Ayuntamiento y su delegación de Seguridad dan la impresión de que una vez más se hace la vista gorda a la cruda realidad de Sevilla, al parecer más rentable y gratificante siendo contada como una auténtica fantasía y paraíso, que en tantos casos de la vida diaria y más cotidiana de los sevillanos no tiene nada de fácil. Pero esto ya se ve que no es plato de gusto de los políticos, sino algo que se tiene que tragar con embudo la ciudadanía.




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