Casado vuelve a ser maltratado y burlado por el Gobierno

Han vuelto a darle una puñalada trapera. El Gobierno ha registrado en el Congreso la propuesta para crear la Comisión de la Reconstrucción Social y Económica sin pactarla con el PP. El PSOE y Podemos han traicionado al Partido Popular, al que intencionadamente, con toda la premeditación, alevosía y hasta nocturnidad, han dejado fuera del acuerdo al que Sánchez se comprometió. La opinión pública se pregunta a estas alturas de la gravísima crisis sanitaria a qué está esperando el Partido Popular para reaccionar en nombre de los españoles. No es congruente su conducta. Nadie se explica que mientras denuncia en el Parlamento todos los desvaríos de un Gobierno temerario y dictatorial, simultáneamente lo apoye para prorrogar el estado de alarma que presuntamente ha violado varios derechos fundamentales, cuestión que ya ha sido la base de una queja al Defensor del Pueblo para ser llevada a juicio del Tribunal Constitucional.

Anoche se conocía la nueva traición y desprecio del Gobierno hacia Casado. El líder de la oposición que más bien no sabe oponerse, volvía a ser tratado como un pardillo de la política al que PSOE y Podemos han excluido a la hora de registrar en el Congreso la propuesta para crear la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, pero sin pactarla con el PP, como estaba previsto. Otra vez se saltan sus promesas, compromisos y acuerdos con Casado. Los videoencuentros son ya como episodios de Los Picapiedra.

Casado da la impresión a los ciudadanos de ser como los cornudoslos últimos que se enteran de las infidelidades. Ha otorgado una confianza en la denominada Reconstrucción que el Gobierno no se merecía. La tostá del batacazo se la estaba oliendo todo el mundo menos Casado, se la estaba viendo venir sobre todo su electorado, que en redes no para de manifestarse contrariado con la debilísima oposición de pataleo y meros lloriqueos del Partido Popular, desprovisto de energía y bien trincado por el PSOE y Podemos allí donde el Gobierno sabe que se trinca ahora mismo a Casado: el miedo que le atenaza si al no apoyar una prórroga más, los datos de los contagios y muertos se disparan al imposibilitar más confinamiento, el que muchos relevantes juristas estiman ya como un arresto domiciliario de los españoles, una coartada perfecta para que avance, sin nadie en las calles ni posibilidad de multitudinarias manifestaciones en contra del Gobierno, la implantación de un régimen socialcomunista. Pero Casado parece no enterarse de la peligrosa estrategia. Y el clamor de las redes parece decirle “¡te lo dije!”.

Casado está exigiendo absurdas e irreales cuadraturas del círculo a un Gobierno totalitario que persigue, como en cualquier otra dictadura, escapar a todos los controles de su gestión a base de escándalos diarios y de sus más que dudosos procedimientos legales. El líder de la oposición creyó, dando otra prueba más de su exasperante ingenuidad  -propia de un novato en política-, que Sánchez iba a admitirle en la práctica su compromiso para que el Gobierno se someta a una comisión de investigación de sus actos y decisiones durante la crisis sanitaria. Y es en ese punto, ni más ni menos que en ese punto, donde lo han dejado fuera. Coloquialmente: “Tururú!!!!”.

En esa ingenuidad, más propia de un romántico empedernido que de un político eficaz y enérgico en necesarios e imprescindibles tiempos de energía, Casado quizás albergue aún la  ilusión por contribuir a un pacto de reconstrucción imposible, y desde ayer clarísimamente alejado de la comparación con los ejemplares pactos de la Moncloa en 1977, los que hicieron real una transición política que precisamente el Gobierno actual siempre ha denostado, siempre ha considerado mal cerrada.




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