El Ayuntamiento de Sevilla estudia prohibir la celebración de eventos deportivos de carácter privado en el casco urbano debido a los problemas organizativos y de índole social que provocan las múltiples carreras que se desarrollan a lo largo del calendario y que suponen un auténtico problema organizativo, de recursos municipales, y molestias de todo tipo para los ciudadanos mientras que las empresas organizadoras hacen su agosto con este tipo de eventos. El concejal delegado de Movilidad, Juan Carlos Cabrera, viene trabajando en este sentido desde hace algún tiempo y  propone como alternativas, el Parque del Alamillo o la Avenida de la Raza.

Los fines de semana son especialmente complicados para los servicios municipales que deben atender una media, los meses considerados más tranquilos, de 40 eventos de todo tipo mientras que los meses de mayor actividad, que coinciden con el buen tiempo, hasta 80 eventos mensuales. La Policía Local debe hacer un tremendo esfuerzo, de entre 60 a 70 agentes para atender cada evento deportivo, con las consiguientes horas extras que se deben abonar, pero supone numerosos problemas para los sevillanos con los cortes de las calles por donde discurren las carreras, los cortes de las intersecciones, o las modificaciones de las líneas de Tussam. 


El traslado de los eventos deportivos al Parque del Alamillo o la Avenida de la Raza permitiría una notable reducción de los efectivos de Policía Local presentes en las pruebas y una menor repercusión en el tráfico rodado, facilitaría el acceso a los aparcamientos públicos y privados y la normalización de los transportes públicos los fines de semana. Esta medida no afectaría a los eventos de carácter público, ni a las carreras más significativas que suponen una importante promoción para la ciudad.

La medida tampoco afectaría a las numerosas procesiones que recorren las calles de la ciudad. De un lado porque las autoridades están obligadas a autorizarlas en cumplimiento de la legislación vigente, en este caso facilitando la libertad de culto y de otro por la propia naturaleza de los eventos. Una carrera se extiende durante varias horas a diferencia del paso de una procesión. Por otra parte, se destaca que en el caso de las procesiones no existe enriquecimiento.

Las empresas que organizan pruebas deportivas han encontrado un filón económico en este tipo de eventos que no repercute en ningún caso en las ciudades donde se celebran. Existe un verdadero negocio alrededor de las carreras, que de un tiempo a esta parte se han puesto de moda, patrocinadas por grandes empresas o multinacionales con la participación de miles de personas que compran su dorsal y que a cambio, suelen recibir una camiseta.