Cada uno en su casa y Sánchez en la de todos

No pocos, contando a ciertos medios de comunicación en sus editoriales, empiezan ya a poner en entredicho las formas y el alcance del Estado de Alarma a base de sucesivos decretos adosados, fruto de la inspiración y la improvisación del Gobierno. A esas dudas también hay que sumar la actitud de una oposición, como la del Partido Popular y Ciudadanos, que se está dedicando al fin, por más dimes y diretes que se traigan gestionando la pandemia, a hacer de coros en este concierto para instrumentos desafinados que protagoniza ese egocéntrico solista llamado Pedro Sánchez.

La comparecencia de ayer del presidente del desgobierno español dejó claras, clarísimas sobre otras, dos cosas, por más que a Sánchez le gustarían los subtítulos a su antojo a pie de pantalla, mientras desgrana imparable y tedioso un lenguaje oscurantista:

La primera es que asestó una puñalada por la espalda a los empresarios, traicionados en los acuerdos que habían tomado con el Gobierno. Para no alargar innecesariamente en estas líneas las explicaciones, remitimos a cuanto declaró inmediatamente la Confederación de Empresarios Andaluces, sintiéndose criminalizados, una vez más.

Y la segunda, según los expertos en política comunitaria, no es que Europa  -la del norte sobre todo, la rica, la pudiente-  se muestre insolidaria con España, como pretendió hacernos creer  en su sermón del último sábado este presidente nuestro con más trucos baratos que una caja de magia. Es que  -afirman los analistas-  Europa no está dispuesta a entrar económicamente a saco en una situación tan incongruente e irreal como la que va trazando el Gobierno español para hacer creer en una redención social inverosímil.

Confinar a todos a no salir a la calle, cerrar a cal y canto las posibilidades más exiguas de la vida comercial o de la construcción, es otra forma grave de asfixia  que está haciendo chocar frontalmente las necesidades y urgencias económicas con las sanitarias. Estamos llegando al debate de si no es peor el remedio que la enfermedad. Se podría asumir esa colisión con otro Gobierno del que emanasen legalmente otras soluciones mucho más sensatas y humanas. Pero empieza a ser difícil, al cabo de quince días de Estado de Alarma  -más otros quince cuyo plazo acaba de iniciarse-, no sospechar si Sánchez está invadiendo una zona presuntamente inconstitucional en cuanto a derechos y libertades de los ciudadanos. Se vio ayer que Sánchez no confía en Europa, a la que lanzó  -más que a los telespectadores y con reiteración- el verbo “comprobar”. Pero es realmente Europa la que no confía en Sánchez, al que contempla pisando  una zona que presumiblemente esté confundiendo los límites tanto de lo que se entiende por un Estado de Alarma y un Estado democrático. ¿Se estarán percatando sus socios europeos de que la pandemia sirviera a Sánchez y a sus aliados comunistas un caballo de Troya que guarde la temeraria implantación de otra dictadura?

Mientras tanto, y a la espera de la próxima homilía del “cura” Sánchez, cada uno en su casa y él en la de todos.


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