Buenos días, ¡¡¡libertad!!!

La mañana ha traído una amanecida histórica para varias generaciones de españoles, una luz nunca vista en décadas de esa manera: la del primer día de esto que han llamado “la desescalada”. Miles de personas se han echado a las calles en busca de una libertad recobrada gracias a dos pretextos dignos de respirar el aire fuera de las casas: pasear y hacer ejercicio o deporte. Han sido más de cincuenta días de un confinamiento puesto en tela de juicio constitucional por relevantes juristas. Aunque sea en dosis, España, y Sevilla en nuestro caso concreto, empiezan a disfrutar de la devolución legítima de la libertad, secuestrada durante tantas semanas por un Gobierno totalitario, sin posibles disimulos de aquí en adelante sobre sus auténticas ambiciones dictatoriales. La memoria de los españoles será indeleble cuando lleguen las próximas elecciones, seguramente más cerca de lo imaginable.

 Las calles, plazas, los paseos y los parques son hoy una fiesta. Ha empezado el regreso, que no esa estúpida palabra de un Gobierno de ineptos que le llama “desescalada”, un Gobierno fracasado en todos los frentes de ataques a la pandemia. En todos. Ni siquiera puede apuntarse el tanto de reducir los contagios, pues el mérito está en el expediente impecable de millones de españoles disciplinados, obedientes y responsables para cumplir un confinamiento que no fue otra cosa que la solución única y a remolque por haberse autorizado la bomba de relojería de las manifestaciones feministas del 8 de marzosabiendo como sabían en el Gobierno que el coronavirus ya estaba en España. Y cómo no, está el mérito y el éxito en el esfuerzo titánico de la Medicina española y su personal sanitario, hacedores de auténticos milagros de supervivencia sin estar asistidos  -todavía en estas fechas-  por el Ejecutivo, por el Ministerio de Sanidad, del material necesario.

En términos de éxitos,  ni siquiera ahora la “desescalada” es una verdadera decisión del Gobierno, ni mínimamente relacionada con los criterios sanitarios, ni basada en la generosidad de los peores ministros para las peores circunstancias, un nutrido y bien amamantado grupo de mediocres cuyos nombre nadie conocía  (salvo en sus casas a la hora de comer)  antes de que la democracia y sus defectos más consustanciales los colocaran donde el país iba a sufrirlos. Si España ha vivido el día de hoy, no se lo debe al Gobierno, aún no habría reconquistado la primera entrega de su libertad de no ser porque Europa le está ajustando a Sánchez sus alegres cuentas de dictador, feliz en su búnker de la Moncloa dirigiendo lo que ya no tiene dirección, al menos en sus manos, de avanzada artrosis para la política y no digamos para ser estadista. Con un adicto a la mentira que tiene mono con la verdad y la transparencia, tampoco salimos juntos de esta. Es imposible salir ya juntos cuando detrás se quedan cerca de treinta mil muertos. Por su culpa, por su culpa, por su grandísima culpa permitiendo lo que permitió al feminismo mientras ya se había hecho con los datos de los primeros terrores.

Si España está hoy en la calle es porque Europa ha deshecho los planes socialcomunistas del trasplante venezolano a nuestro país. Si España está hoy en la calle es porque el Gobierno está muerto de miedo con la sombra del rescate y el horizonte penal que persiguen varias denuncias; es porque la soberanía nacional casi no está ya en el pueblo español  -como constitucionalmente le corresponde-, sino muy probablemente en poder de los hombres de negro. Y si España está hoy en la calle no es porque el Gobierno dictatorial del caudillo Sánchez haya concedido su dádiva de aire puro, sino porque está cercado por la ruina, el desprestigio internacional, el desprecio europeo y la amenaza muy seria de que la UE le arrebate  el timón de España.  Con todo y por el momento, en este 2 de mayo excepcional: Buenos días, ¡¡¡libertad!!!


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