Ayuso gana Madrid al socialcomunismo 
El fracaso de Podemos provoca que Pablo Iglesias abandone la política. Las traiciones de Inés Arrimadas fulminan a Ciudadanos 

La noche empezó por arrojar la suma de los datos incontestables que, en el caso especial de Isabel Díaz Ayuso (la gran ganadora en sí misma más que del PP) fueron inapelables, como hasta el rojerío de La Sexta llegó a calificar.

En diputados, estos fueron los resultados: Partido Popular, 65; PSOE, 24; Más Madrid, 24; Vox, 13; y Podemos, 10.  

Ciudadanos ya no existe en Madrid. Es un indicio de que irá feneciendo por toda España hasta su desaparición total. 

Desde la sede de Génova, Isabel Díaz Ayuso se dirigía a miles de personas que la aclamaban como indiscutible vencedora de los comicios. Se había hecho con Madrid hasta tal punto que podría haber ocupado, antes que el asiento de su presidencia, el trono de La Cibeles.  

Estuvo acompañada por Pablo Casado, Miguel Ángel Almeida y Teodoro García EgeaCasado la precedió en discurso, pero quedaba pequeño a su lado, discutido como líder del PP (por segunda vez después de Almeida en la alcaldía de Madrid). Ayuso es del PP, pero el PP no es Ayuso, a quien pertenece de verdad la victoria y, por ende, el logro de la derrota descomunal del sanchicomunismo, que “tiene los días contados”. Ayuso proclamó que había ganado la libertad.  

A partir de sus palabras agradecidas, le siguieron las comparecencias del ridículo, una detrás de otra, cada vez que uno de sus contrincantes se dirigía a los medios para analizar los resultados obtenidos… o no obtenidos, mejor.

Y así lo de Gabilondo fue lamentable, cuando con los resultados del batacazo del PSOE se le cayó la venda de su liderazgo y reconoció que no había sabido hacerlo. Patético. Un pobre, soso y aburrido hombre metido en un fregado más grande que el que le hubiera correspondido.

Edmundo Bal no pudo estar más desafortunado desde el agujero de Ciudadanos (o el hoyo donde se le entierra), afirmando que los madrileños no habían entendido sus propuestas y que finalmente no habían sabido elegir. Tela. Una lumbrera. Tuvo que tragarse el sapo solo y superando las ganas de llorar, mientras que la vanidosa Inés Arrimadas no se dignó a acompañarlo y dar la cara como responsable máxima de sus complicidades con Sánchez y la pulverización de Ciudadanos, una formación que ella solita se ha cargado. 

Mónica García dijo que desde ya, desde ese momento, empezaba a trabajar por recuperar Madrid. Y los comentaristas políticos la consideraban como real autora del sorpasso al PSOE. Parece cortés y amable, pero con Errejón al lado no hay quien resista los planos ante las cámaras. 

Pablo Iglesias dio la otra gran noticia de la noche: que se va, que abandona la política activa y renuncia a todos sus cargos. Vino a reconocer que no lo aguanta ni la izquierda, que supone un obstáculo para abrirle caminos. Hilvanó unas cuantas más de mentiras venezolanas para su despedida y se autodefinió como poseedor de inteligencia. Si fuera así, habrá comprobado por fin que España no es comunista y que Franco, hasta muerto, sigue deteniendo al comunismo desde que creara para los españoles la clase media; les hizo probar eso de vivir bien, eso del bienestar, coche propio, vivienda sin corrales de vecinos, zapatos en lugar calzar alpargatas, veraneos en la playa, Seguridad Social, pagas extras, neveras llenas…

Vox se escapó de estos ridículos con la presencia de su candidata Rocío Monasterio y de su presidente Santiago Abascal,  recordando este  los disparates de una campaña enormemente tensionada, señalando a Pablo Iglesias como responsable de enviar sicarios a sus mítines.   Rocío Monasterio y Santiago Abascal dirigieron mensajes, primero como agradecimiento a sus votantes, y segundo para Isabel Díaz Ayuso, felicitándola, ofreciéndose como apoyos a su investidura y dejando claro que la gran posibilidad para que excluya al PSOE pasa necesariamente por un Gobierno de acuerdos constantes con Vox, incluidos los Presupuestos de la Comunidad.  

Isabel Díaz Ayuso ha tomado Madrid. Como dijo Casado, empieza en Madrid el kilómetro cero para recuperar España, la que ha empezado a cobrarle a Sánchez sus pactos con Bildu y con los independentistas.




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