Papel higiénico con candados para que no los roben. De tres grifos que hay en los servicios sólo funciona dos. Secadores de mano obsoletos y descolgados. Ausencia de jabón para lavarse las manos. Ni una sola percha en los retretes, estrechos además para entrar con las maletas si viaja solo, donde dejar la ropa colgada. Tapas y asientos de los sanitarios rotos o con mermas.

Secador de mano descolgado

Secador de mano descolgado de los aseos

Este es el triste panorama de una de los puntos de entrada “estrella” -junto al aeropuerto de San Pablo-, para los turistas nacionales y extranjeros que visitan Sevilla. Los aseos de la estación de trenes de Santa Justa necesitan una remodelación integral, sobre todo si queremos dar una imagen distinta de la capital hispalense en el año Murillo. Si bien no están sucios, a la entrada hay un parte con las limpiezas que ha tenido, están antiguos y el uso diario de ellos (cerca de treinta mil personas pasan por la estación al día) han hecho ya mella. Adif, dependiente del Ministerio de Fomento, y encargada de su mantenimiento debería considerar obras urgentes que dieran otro aspecto completamente diferente a estos servicios que no están a la altura de una estación con tantos pasajeros. Como dato histórico cabe recordar que Santa Justa vino a costar unos 9.800 millones de pesetas, al cambio unos 59 millones de euros, una obra colosal que, con diseño de los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz, inició sus obras en 1989 y se inauguró dos años más tarde. Su apertura supuso el cierre de las históricas estaciones de Plaza de Armas y de San Bernardo. Es la tercera estación de España, tras la de Madrid-Atocha y Barcelona Sants con un volumen de viajeros cercano a los 13 millones anuales, de los cuales alrededor de siete millones se corresponden con el tráfico de cercanías.

Entrada a los baños de la estación de trenes de Santa Justa

Entrada a los baños de la estación de trenes de Santa Justa