Alarma social en Sevilla por la inseguridad creciente

Los sevillanos están intranquilos y muy preocupados por el estado de inseguridad que, según los datos policiales, se va apoderando de la ciudad. Aumentan significativamente los porcentajes de robos en pisos, los de automóviles, los de establecimientos comerciales por el método de los alucinajes, e incluso el regreso de un clásico de los ochenta como fue el procedimiento del tirón (que se cobró hasta varias víctimas mortales en los casos de personas que fueron arrastradas por la vía pública). Si entonces le tocó a los bolsos, ahora los móviles en mano y mientras se habla son sus nuevos objetivos. La ciudadanía sigue pensando que al Ayuntamiento se le escapa de las manos el control de una Sevilla que ha crecido hasta alcanzar la categoría de gran capital.

Entre la opinión pública se va extendiendo la idea de que los sevillanos están sometidos a la grandilocuencia de las declaraciones que sobre Sevilla hace su alcalde, pero que sienten alejadas de la realidad y el suelo que pisan todos los días, por cierto que cada vez más sucio, según les salta a la vista y ya aseveran confidencialmente hasta los operarios de Lipasam.

Sevilla está en una grave situación de déficit de seguridad, desprotegida en tantos casos como demuestran los partes policiales, que han registrado el incremento notable de las denuncias por robos en domicilios. Hasta mafias, como la de Giorgia, están operando desde diversas zonas de la ciudad (Nervión, Triana y Los Remedios sobre todo) para llevar a cabo introducirse en los pisos, de día y de noche, buscando apoderarse de dinero y de joyas, con el consiguiente riesgo para la integridad física de los residentes que durante la madrugada se encuentran durmiendo en sus casas.

El déficit de la seguridad ya es público y notorio, pues se conoce como contante y sonante que a Sevilla le faltan nada menos que 300 policías. Y también es cualitativamente importante que el Jefe de la Policía Municipal haya renunciado a su cargo durante el mes de agosto para reincorporarse a la Guardia Civil, de la que procedía. La renuncia, sin explicaciones detalladas y dentro de un estilo prudente, dejó sin embargo caer la certeza de problemas de régimen interno en la Policía Local.

Del capítulo total de la seguridad tampoco puede quedar fuera el caso del brote de listeriosis, en un abultado y sucesivo comportamiento de irresponsabilidad municipal, a la que se debe en gran medida el descuido y dilación de unos plazos que de acortarse hubieran sido decisivos para evitar el número de afectados.

La responsabilidad y la competencia de la Seguridad a nivel municipal está en manos del concejal Juan Carlos Cabrera, quien a la ciudadanía le resulta cada vez más inapropiado para continuar haciéndose cargo de un área tan importante. En opinión de muchos, de las manos se le ha ido hasta el tema de las bicicletas y los patines, que circulan por las calles haciendo caso omiso de ajustarse a los carriles obligatorios, no respetan la prioridad peatonal que está señalizada con claridad en tantos lugares, como en la Avenida de la Constitución o en el Paseo de Juan Carlos I, por donde respectivamente peatones o corredores de running se juegan a diario su integridad física por el constante riesgo de atropellos. El colmo de la falta de vigilancia municipal y ausencia de celo del concejal porque se circule debidamente ha llegado al caso de una empresa de patinetes que los ha puesto a rodar sin licencia alguna y cuando aún no está aprobada su normativa.

Cabrera sigue sin afrontar de cara y con energía legal y policial una regulación que haga adecuada y sin peligro la convivencia de peatones, ciclistas y patinadores. Muchas voces, como ya se proponen algunas ciudades españolas, abogan por la necesariedad de que bicicletas y patines se matriculen y paguen un seguro obligatorio de daños a terceros.

Mientras tanto, el alcalde Juan Espadas parece vivir una Sevilla más propia de la ensoñación y la fantasía que de la realidad más que evidente de pérdida de la calidad, la que siempre se debe en gran parte a la seguridad. Pero la ciudad no es, por más que lo visione así su inercia al triunfalismo, un parque temático. La ciudad tiene preocupaciones mayores y mucho más graves que el afán porque vuelvan a celebrarse los premios Goya. Y tampoco vive del turismo -sólo un 17 % de sus ingresos- como se quiere hacer creer, hasta el punto de concentrar en el centro los servicios de limpieza, reducidos en las barriadas. La ciudad es, por encima de todo, los sevillanos, que cada vez ven más limitadas sus posibilidades de legítimo hábitat, justo donde son ellos los que pagan sus impuestos, incluido el de circulación -por poner un ejemplo- en una Sevilla cuyo Ayuntamiento estudia las posibilidades de reducir todavía más el tráfico y sumar así ficciones de una peatonalización que no es real.




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