Aislar al coronavirus y controlar la psicosis

No va a ser fácil para nadie el equilibrio entre lo real y lo imaginario. Ni tampoco distinguir lo necesario de lo prescindible. El temible coronavirus que empezó en China, ya está asociado desde ayer tarde al nombre de Sevilla. La mala noticia no libraba un sólo rincón hasta el que llegar: en el Hospital Virgen Macarena quedaban aislados dos pacientes por la presunción de que padezcan la enfermedad que siembra de contagios el mundo y ha causado ya cientos de muertes.

Sea cual sea el alcance de estos casos en Sevilla, hasta ahora los únicos (pero que suman el quinto supuesto sospechoso en Andalucía), y en tanto se conozca el resultado definitivo de los análisis que se están llevando a cabo, es fácil de suponer que esperemos ya  -hasta sin conclusiones definitivas-  la inmediata reacción de conductas de la ciudadanía que, comprensiblemente preocupada, ojalá sepa desenvolverse entre la inquietud y la sensatez.

Mantener la calma no va a ser precisamente la capacidad de todos. El miedo es un detonante que dispara rumores, histerias, e incluso sentirse de antemano en una situación extrema que, hoy por hoy, no ha llegado a Sevilla.

Las redes sociales han empezado ya a extender unas precauciones mucho más allá de las que ni siquiera están aún recomendadas por las autoridades gubernativas o sanitarias, como almacenar gran cantidad de alimentos en las casas previendo su escasez, o haber agotado las mascarillas en muchas de nuestras farmacias. Parece haberse declarado un oficioso estado de alarma general que no se corresponde con dos casos aislados, y sólo en estudio, de la realidad. Las recomendaciones a seguir no deberían adelantarse a las que, si es que se dieran, serían consecuencia de los dictámenes que, según la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, se conocerán en el plazo máximo de dos días.

La convivencia de cada día en tantos ámbitos (colegios, calles, grandes almacenes, oficinas, etc.) no puede deteriorarse por la expansión de la desconfianza de unos hacia otros. Un simple estornudo que hasta ahora simplemente provocaba la cortesía de los demás con un coloquial “¡Jesús!”, sería contraproducente que en adelante incitara a ser recriminado en un ambiente cargado de tensión y temor. Una simple tos sonaría con la misma gravedad que lanzar un petardo cuando se temen ataques terroristas.

Nos estrenamos, al menos potencialmente según la Organización Mundial de la Salud, a un fenómeno nuevo para los últimos tiempos y  para varias generaciones: una pandemia. Habremos de aprenderlo de la mejor manera posible. Y de superarlo. Todo lo demás, lo que se está llegando a leer en las redes, es una peligrosa forma de rápido contagio social sin base justificada por expertos de la medicina. Estar calculando ya hasta la suspensión en Sevilla de la Semana Santa y de la Feria es ubicarse en una ficción que pretende intoxicar a todos, además de dirigir a miles y miles de personas a un estado de ansiedad que es todo lo contrario a la serenidad recomendada para enfrentar este gran problema de la Humanidad.




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