Ya no es el ciento por uno

Los sufridos fieles que cumplen su precepto este domingo podían esperar, al final del Evangelio, escuchar que algunos “recibirán el ciento por uno”, esa hermosísima expresión, que como tantas otras, del Evangelio ha pasado al acervo popular, y ahí subsiste. Y como tantas otras veces, los que escuchen con alguna atención quedarán defraudados: la noble expresión ha sido sustituida, en la nueva versión, por “y recibirán cien veces más”.

¿No se entendía lo del “ciento por uno”? Pero, ¿cómo no se va a entender? Ah, que es una expresión demasiado noble, que suena algo poética o simbólica… Pues a sustituirla por otra más vulgar y anodina para decir lo mismo. “Cien veces más”. Creo que se entiende hasta peor… Suena rara.

Claro que unos días antes, cuando tocaba la historia de Jonás, también resultó un poco chocante oír que éste “se disgustó mucho”. “Se disgustó”; esto chirría. Efectivamente la versión clásica dice “se afligió Jonás…”. ¿Acaso “afligirse” es un vocablo tan incomprensible? ¿Vamos a enmendarle la plana a San Jerónimo después de tantos siglos?

Poco antes se había mencionado la historia del José del Antiguo Testamento, y de nuevo los oídos de algunos fieles se extrañaron de oír: “Jacob adoraba a su hijo Benjamín”. ¿”Adoraba”? ¿Puede poner eso la Biblia, referido a un hijo? No: la versión clásica dice “lo amaba tiernamente”. ¿Cómo pueden cambiar estas palabras – y encima para sustituirlas por otras tan improcedentes…?

Esto es el lenguaje de la religión, el que por su misma esencia tenía que ser el más inmutable. 

¿Qué diremos ya del de la calle? Bueno, el de la verdadera calle es todavía algo mejor – pues le llega un poco más tarde la nefasta influencia del nuevo español “oficial” de la prensa, blogs, noticieros… una colección de frases que parecen mal traducidas del inglés, pero que están “en español en el original”. Pérdida del artículo en las frases (“bomberos rescatan hombre”), proliferación de “ususal, usual, usual” (en vez de: frecuente, habitual…), uso ya generalizado, en su nuevo sentido pervertido por el inglés, de las palabras castellanas “evidencia” (en vez de “prueba) “decente” (“al fin tengo un móvil decente”, dice un adolescente. Ojalá sea “decente” tal como una lo entiende), “inválido” (por “nulo”), etc, etc…

Y “remarcar”, barbarismo absurdo (se dice destacar, resaltar); y “¿pagáis en cash?” en vez de “en metálico”…

Y nadie parece sufrir mucho por esto. ¿Tan en minoría estamos los que amamos el lenguaje? Hoy que todo está de moda, todo es un espectáculo, hay cursos y talleres y museos de todo lo imaginable, desde los deportes extremos al encaje de bolillos, desde el pórtico románico que se pone de moda hasta el convento antaño de clausura que hoy es obligado visitar, todo goza de innumerables adictos y aficionados, pues… ¿amigos de la lengua española no hay?




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