Ya me he cansado de “no ser agorero”…

Llevo siete meses escuchando a compañeros de tertulia decir que no hay que serlo, que hay que infundir a la población optimismo, cierto entusiasmo, unidad, mirar al futuro con confianza, que saldremos de esta y mil pamplinas más.

Pero ya me he aburrido de semejantes mantras que desde el principio me parecieron extraídos de los libros de autoayuda de las gasolineras y con los que ahora sólo pretenden encubrir los deseos desparramados de un gobierno inoperante, irresponsable y ruin que nos ha abocado desde el primer día a esta catástrofe.

Desde aquellos inolvidables imbéciles que con Echenique a la cabeza bromeaban sobre el “capitán a posteriori” y que aseguraban (y aseguran todavía en un alarde tripe mortal de su estulticia) que no se podía saber, ha llovido mucho, pero sólo a gusto de este gobierno del despropósito que ha arruinado a un país entero con su irresponsable ceguera de tintes criminales.

Más de 60.000 muertos y las peores cifras de Europa, tanto en lo sanitario como en lo económico, no caben debajo de las alfombras de la Moncloa ni sumándole las de la Fábrica de Tapices de Patrimonio Nacional y las del Palacio de las Marismillas y la residencia de La Mareta.

No, ya me he cansado de que me llamen agorero por señalar datos tan objetivos y objetivables como que en el primer trimestre de este año, aún sin haber tomado una sola medida de contención o de prevención, la economía española ya había caído un 4,2%.

Pero en el segundo trimestre, ya con el confinamiento y alarmados hasta lo indecible, el PIB se desplomó en la interanual otro 22 por ciento y en el tercer trimestre seguimos en caída libre e irá a peor con la nueva alarma, que no es nueva, porque vivimos alarmados desde el mismo día en que Sánchez llamó indecente a un presidente de gobierno sólo porque le salió del papo y nada más.

Si dejaran hablar a los expertos, sabrían ustedes, por ejemplo, que es científicamente exacto y objetivo que cada vez que gobernó el PSOE abandonó el poder con unas cifras de paro sustancialmente peores que las que se encontró. Y cada vez que gobernó el PP sucedió todo lo contrario.

Y no, esto no es casualidad, como no lo es tampoco que si el gobierno miente y se hace y nos hace trampas en sus solitarios masturbatorios a través del plasma, la consecuencia de ello es lo que tenemos.

Nos llaman agoreros los secuaces que tienen asegurado (eso creen ellos) sus ingresos y sus puestos de trabajo, pero aquí la realidad es que se han destruido en menos de un año más de 700.000 empleos y otros 750.000 están en un ERTE insostenible que sólo pretende ocultar la realidad.

Esto no es un gobierno, sino una cabalgata del orgullo idiota que carece de la más mínima prudencia y que todo lo afronta con el maximalismo de “esto es lo que hay y a joderse todo el mundo”.

Y mientras tanto, sin red algunas que atenúe los efectos de su descontrol, emplea sus energías en elaborar leyes completamente ideologizadas que a nadie le interesan, salvo a ellos, empeñados en tensar la cuerda hasta que se rompa y la piñata de desgracias caiga sobre nuestras cabezas.

Para todo lo demás que no sean una ley de memoria histérica, una ley de eutanasia en plena ola de cadáveres y moribundia o una Ley de Educación absolutamente inservible que nadie duda que otra vez será derogada en cuanto gobierne alguien con un dedo de frente, el Consejo de Ministros pare por colleras los Reales Decretos Leyes, convirtiendo lo excepcional en una especie de normalidad dictatorial que nos amenaza a todos como una espada de Simón Bolívar, aquel sedicioso enano que quiso proclamarse emperador de todas las Américas como un pequeño Napoleón bananero, tropical y sabrosón.

No, no me llamen agorero, porque los agoreros, los videntes y los adivinos vislumbran el futuro y yo les hablo de un presente atroz que tiene a millones de familias con el alma en vilo y a más de cien mil empresas cerradas en un sólo año, mientras una banda de irresponsables paladean sus pronósticos inanes sobre una curva descendente en sus bolsillos y ascendente en los registros de los cementerios.

Si esto no es un golpe de Estado, que venga Fernando Simón y pronostique.

He dicho.




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