Y el violador eres tú

Volverán los guantes de goma de color lila a la pancarta sus manos a posar, pero aquellas que se quedaron por el camino, como heridas golondrinas congeladas, esas, no volverán…

El “tonto Simón”, ese desfalco, ese escombro de ‘expertitud’, se encogió de hombros hace un año cuando le preguntaron si recomendaría a un hijo suyo asistir a la manifa: “Que haga lo que quiera”, o algo parecido dijo. Un año más tarde reconoce que se habrían salvado más de 20.000 vidas de haber tomado las medidas que el sentido común y un mínimo rigor responsable exigían del cargo que ocupa.

Aun así, se olvida (no quiero pensar que desconoce) de que 20.000 vidas salvadas en aquellos primeros meses equivale, por el efecto multiplicador de los contagios, a una cifra muy superior de fallecidos. Y no son sólo los desaparecidos, sino todo el dolor, la soledad, la angustia, el miedo y la ruina que nos trajeron su demagogia y su “laissez faire, laissez passer”, que es la única práctica liberal en la que aplican su desfachatez y la de Marlaska.

No hemos aprendido nada porque en el sectarismo ciego no hay nada que aprender y sólo el fanatismo guía con su ‘infrarrojo’ (que es un zurdo por debajo de lo normal) el misil de la tozudez dogmática que no se arredra ni se frena ante nada ni ante nadie, porque sus dogmas y sus dioses merecen todo sacrificio, aunque por lo bajini recomendaran a los suyos que nada de besos ni abrazos o sostuvieran con todo el cinismo acumulado que lo de los guantes era apenas por dar colorido a la manifa y no por protegerse de la masa infecto-contagiosa a la que convocaron en el aquelarre de brujas solas y borrachas volviendo a casa.

“Ha venido menos gente por lo del virus, pero eso no lo vamos a decir…”, se le escapaba a la exitosa emprendedora de este país, frívola e indigna, que pasó de cajera de supermercado a ministra por la vía colchonera sin ser del Atlético de Madrid, que ya quisiera Amancio Ortega un crecimiento tan exponencial para sus empresas como el de la Marquesa del Rooibos.

La verdad no os hará libres (¿y libertad para qué?), así que someteos a los caprichos y manipulaciones que yo os dicte, porque sólo nosotras estamos destinadas a marcaros el camino hacia el degolladero del igualitarismo, donde el verdadero riesgo que corres es a manos de un varón cualquiera y no de un virus casi ignoto y sin fronteras.

En la conciencia enferma o pervertida de los asesinos nadie mata por capricho, excepto el virus, y todos creen tener un motivo, una razón, que justifica el crimen o su acción irresponsable, como también Simón o la Calvo creyeron que merecía la pena acudir a pintar la mona porque se nos va la vida en ello. Y acertó.

Se les fue la vida a muchos y en realidad se nos ha marchado a todos (con los abrazos perdidos y las sonrisas no regaladas en un año) por los husillos de esta desgracia de gobierno que se añade a la desgracia de una pandemia provocada por un virus que surgió en una ciudad tan exótica que contaba con un centro de investigación de Virología Nivel 4 donde se estudian esta clase de patógenos. Y es que la vida del espermatozoide que llegó primero es una tómbola y el producto, siempre, de la casualidad.

Luego viene “el proponido” y te dice que comer jamón de pata negra no es saludable y en eso viene a coincidir el comunismo con el mayor terrateniente y el mayor megamillonario del planeta Tierra, ese tal Bill Gates, quien también ha “proponido” y hasta exige que sea obligatorio en los países ricos comer carne sintética, que contamina mucho más pero la producen sus empresas y en sus huertos infinitos esparcidos por los cinco continentes nos sembrará de tofu o de lechugas la nevera antes de que comiencen a extraer las proteínas y células madre de los desheredados en los laboratorios industriales que producirán chuletas caníbales hasta que consigamos reducir la población mundial a la mitad.

El chuletón de Ávila, de Kobe o de Wagyú entrará en los Museos y se conservarán piezas para ocasiones especiales que cotizarán a precios de un Picasso o de un Van Gogh. Y el jamón de Jabugo o de Guijuelo se convertirá en un exotismo sólo al alcance de los magnates de la nueva China, donde ahora mismo se paga el sobre de 100 gramos al vacío de la marca “Joselito” en los supermercados de Shanghai por encima de 90 euros, mientras el ministro del ramo, que pasa sus vacaciones en Mallorca, insiste en conceder nuevas licencias de importación para Extremo Oriente al sector porcino español.

Todos iguales, pero menos, porque el violador, recuerda, eres tú.

He dicho.




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