Vuelve Jarcha

 

Aunque el Gobierno comunista -así de clarísimo, porque ya lo de socialcomunista no se le ocurre ni a Tezano, que ha hecho del CIS un tocador de la señorita Pepis-, pues repito, aunque el Gobierno comunista diga que son de derechas y fachas las manifestaciones que por toda España le crecen como hongos pidiendo su dimisión, esas manifestaciones son la nueva versión de aquellas que un día, allá por los años de la Transición, reivindicaron la democracia.

Ha vuelto Jarcha y otra vez se canta y se pide “Libertad sin ira”. Otra vez “dicen los viejos que en este país hubo una guerra”. Y en esas manifestaciones no van ni Blas Piñar ni Girón de Velasco, no hay banderas de Falange ni de las Jons, sino de España, la que quieren desguazar y reducir a escombros del 1 de abril de 1939 Pedro Sánchez, Iglesias y toda la compañía de secuaces, en la que también ha cogido ya su papel de traidora por sorpresa Inés Arrimadas.

Pero quieran o no, en esas manifestaciones te puedes encontrar en un momento dado al crítico Felipez González que alaba a Martínez-Almeida, a Alfonso Guerra censurando la barbaridad que se está haciendo con la Constitución, al dolido Rafael Escuredo en el olvido injusto del PSOE, pero distinguido por el PP como andaluz decisivo para el Estatuto. En esas manifestaciones se está exigiendo la rehabilitación de la democracia española, largamente conquistada, pero también largamente violada por Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y ahora Pedro Sánchez y su camarilla.

Esas manifestaciones son de mucho cuidado, de mucho más cuidado que si fueran de derechas y fachas. Eso no es un grupo que camina hacia el Valle de los Caídos en la madrugada de un 20 de noviembre. Más les vale no despreciar -ni reprimir- a esas manifestaciones que son las mismas que en un tiempo cantaron “Habla, pueblo habla” y llevan cacerolas para un vientre vacío de la peligrosa hambre de la libertad.

Por mucho que hagan oídos sordos al clamor popular, por mucho que no quieran reconocer su importancia, saben perfectamente que este es el pueblo y saben también que no hay quien pare al pueblo por más que recurran a dispersarlo con la etiqueta de los ultras. No habrá dispersión más allá de los dos metros de la distancia de seguridad. Esta es una vieja y repetida revolución social con ecos de la libertad sin ira de Jarcha y el pueblo que vuelve a ser en la voz de María Ostiz. Nino Bravo canta “Libre”, Raimon “Al vent” y Paco Ibáñez musica a Lorca y Hernández. Falta un rato como quien dice, quizás esta misma tarde cuando España se vuelva a llenar de protestas, para que Aguaviva cante “tiene que llover, tiene que llover, tiene que llover… tiene que llover a cántaros”.

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