VOX y Frank Capra

Lo que sigue podría parecer un desvarío pero es una firme convicción, llámenme loco… La teoría más extendida sobre el éxito inesperado de Trump en las últimas presidenciales americanas habla del influjo de Steve Bannon en su estrategia política. Del mismo modo se atribuye a Bannon una influencia decisiva en el crecimiento de movimientos políticos y partidos europeos de lo que llaman “derecha” o “extrema derecha” como el Frente Nacional de Francia, la Alternativa para Alemania, la Liga Norte italiana o el mismísimo partido Vox español, cada uno con sus diferencias y características propias pero con fundamentos comunes.

Los que me conocen, saben que acostumbro a comparar la realidad con el cine y viceversa, y así, modestamente, en este artículo, me propongo demostrar que el verdadero motor de este giro ideológico cada vez más acusado, no ha sido ese publicista devenido asesor político sino un niño nacido en Sicilia en 1897 y emigrado a Estados Unidos con sólo seis años llamado Frank Capra.

Porque no hay más que ver las películas de Frank Capra para percatarse de que los valores que inundaban y daban sentido a dichas películas en blanco y negro son los que hoy impregnan a esos movimientos que la izquierda recalcitrante y reaccionaria se empeña en descalificar colgándoles el sambenito de “extrema derecha”, amor a la patria, defensa de la familia y la vida, generosidad, coraje, valentía y, ante todas las cosas, dos ideas fundamentales en Capra: odio visceral a los políticos y a los periodistas, gremios que, en la visión del siciliano, manchan todo lo que tocan.

Podría argüirse que resulta contradictorio ese odio a los políticos con el hecho de que políticos actuales sean inspirados por la obra de Capra, bien que sea inconscientemente, para su ideario. Pero es que todos estos movimientos y partidos nacen como respuesta al político profesional, al político sin principios ni objetivos más que su propio beneficio y los de su grupo, lo que convierte la política en un  instrumento, no para el bien de la Nación, sino para el bien propio y de sus lobbys. Contra estos políticos, a los que nos hemos malacostumbrado, hacía sus películas Capra. Y también contra los periodistas manipuladores que utilizaban los hechos a su antojo buscando la exclusiva, la noticia, aunque fuera falsa, para rentabilizarla en su beneficio y del medio para el que trabajaban. Usando y tirando como mercancía defectuosa el objeto de la noticia una vez había dejado de serles útil. ¿Les suena de algo?

Y díganme ahora si no está claro que esa es la base del éxito de Trump. Desde el principio se vendió como un no político que venía a combatir a los políticos profesionales y a llamar a las cosas por su nombre. Y también desde sus inicios se distinguió por sus ataques (y su desprecio) a la prensa manipuladora. Capra puro.

Veamos ahora algunos ejemplos. Seguro que todos, o al menos la mayor parte de ustedes, han visto la más popular de las películas de Capra, y no una sino varias veces y, me arriesgo a decir, en la época más propicia para pregonar la bondad y el amor al prójimo, en la Navidad. ¿Conocen un elogio de la familia tradicional, de cómo la familia es, en muchas ocasiones, lo único que nos amarra a la vida, mejor que “¡Qué bello es vivir!»? ¿Un retrato de cómo un solo individuo puede luchar, en bien de toda una comunidad, contra el poder establecido (aquí, el financiero)?.

En “Caballero sin espada” (“Mr. Smith goes to Washington”), James Stewart es un idealista e ingenuo que, inopinadamente, es nombrado senador, pensando los que lo nombran que será fácilmente manipulable. Marcha a Washington con grandes proyectos e ideales, que son desbaratados por políticos y empresarios sin escrúpulos, lo que le lleva a casi darse por vencido. Pero solo casi, porque, en un final apoteósico, nuestro héroe pronuncia un discurso magistral de más de veintitrés horas en la Cámara (no difundido por los medios de prensa, que se colocan del lado del poder), en el que habla de la patria común, de los principios inspiradores de la democracia, de su inquebrantable amor a su país y a la justicia, y proclamando la grandeza de su nación y su historia, dejando en evidencia a esos políticos y poderes fácticos y destapando su corrupción, personalizada en la película por el personaje interpretado por el gran Claude Rains, el senador Paine, que, ante la integridad e idealismo del personaje de James Stewart ve reflejada su propia miseria y termina confesando su corrupción después de intentar suicidarse.

En “El secreto de vivir” (“Mr. Deeds goes to Town”), Gary Cooper es un hombre sencillo y sin pretensiones que hereda una gran fortuna y marcha a Nueva York, donde es engañado por abogados arrebatacapas, politicastros y periodistas sin escrúpulos que buscan su propio beneficio (en concreto una periodista, interpretada por la sublime Jean Arthur, de la cual se enamora, comienza engañándolo y termina salvándolo), cayendo en la depresión y el desánimo al verse decepcionado y defraudado por la humanidad, pero recobrando la fe en sí mismo finalmente gracias al amor, lo que le da fuerzas para volver a luchar y, finalmente, ganar.

Podría poner más ejemplos, “Juan Nadie”, “Vive como quieras”….pero esto es un artículo, no una monografía sobre Capra.

Ya lo ven, Capra era un hombre optimista, que creía en la libertad individual y pensaba que un solo hombre podía influir en toda una sociedad si se lo proponía y que, con tesón, entusiasmo y fe en lo que se defendía nunca se podía fracasar.

Ese deseo de volver a engrandecer la nación y su historia, darle el valor que tienen a las gestas del pasado, ese afán por luchar contra la doctrina establecida desde los poderes fácticos, sean políticos o prensa, por desdeñar la corrección política para defender la idea de que se puede opinar distinto y no dejarse domesticar por los que nos quieren obligar a pensar uniformemente  con el propósito de adocenarnos y así poder manejarnos más fácilmente, y, en fin, la idea de que lo importante es el hombre y no el colectivismo impuesto, fundamentos todos ellos en que se basan estos movimientos.…¿No lo ven?. Yo lo veo diáfano: es Capra.

       Por mi parte prefiero pensar que a Santiago Abascal le inspiró más Capra que Bannon  y creo que debería poner un enorme poster del affiche de “Caballero sin espada” en los anuncios de todos los próximos mítines de VOX.

     Y ademas James Stewart es más guapo que Trump. »

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