Volvemos a Altamira en 2050

A Ione Belarra, la nueva ‘Pabla’ Iglesias, le parece fatal que en Extremadura se ‘construya una mina a cielo abierto’ (no sé si las minas a cielo abierto se construyen o se deconstruye el paisaje) para extraer litio, material imprescindible para la fabricación, entre otras cosas, de las baterías de los teléfonos móviles y de los automóviles eléctricos.

Los expertos podrían ensayar a obtener dichas baterías con quinoa o con tofu, en vez de litio, pero daría lo mismo que lo lograran, porque entonces Belarra se opondría a que la dehesa extremeña o el desierto de Gobi se poblaran de cultivos de esa clase, porque el caso es oponerse a cualquier cosa que genere riqueza y prosperidad.

Su antiguo secretario de Organización en Podemos, el diputado canario Alberto Rodríguez, que ahora será juzgado por el Tribunal Supremo por agredir a un policía y que antes fue técnico en una plataforma petrolífera, se opuso en su día a las prospecciones en el entorno de Canarias para encontrar gas, petróleo y minerales raros, porque a esta gente lo que le preocupa es que un país produzca bienes suficientes para mejorar la vida de los ciudadanos. Quiero decir que les molesta que la gente se genere una manera de subsistencia.

Ha pasado en otras ocasiones, cuando alguna empresa ha querido explorar si hubiera oro y hasta diamantes en el subsuelo de España, que la izquierda se opone por sistema y se opondría igual si encontrasen una veta inocua de bocadillos de jamón de pata negra capaz de acabar con el hambre en el mundo.

No hay manera de zafarse de tanta piojosidad como desparraman estos progres que consideran que la riqueza de un país proviene del número de cabalgatas gays que se celebren en sus calles y no de la actividad emprendedora, de la laboriosidad y de la creación de puestos de trabajo.

España es, yo creo, el único país del mundo donde el hallazgo de cualquier fuente de riqueza es replicado con manifas de protesta y si encontraran una mina inagotable de rubíes y esmeraldas esos tipos se echarían a las calles como si se tratase de un funeral.

La única suerte que tuvimos es que las extensiones de olivar ya estaban implantadas desde el tiempo de los romanos cuando apareció esta plaga y las playas estaban en su sitio desde la época de los dinosaurios, porque si llega a estar esta gente entonces, habrían cegado hasta la posibilidad de comerse una aceituna o de bañarse.

No les sirve ni siquiera el modelo de Noruega, cuya población vive extraordinariamente gracias a las plataformas de petróleo del Mar del Norte, de donde extraen un beneficio espectacular sin dañar el Medio Ambiente (o lo justo y necesario) y casi duplican la renta per capita de Francia, Gran Bretaña o Alemania. Para un progre de la casta, un horror a todos los efectos, porque de lo que se trata aquí es de comprarse un chalet con pista de tenis sin doblarla a través de los Presupuestos Generales. Lo otro no tiene mérito ninguno.

Vivir con Pedro Sánchez es una condena, donde los escasos trenes AVE entre Sevilla y Madrid van hasta la bola y con la gente en los pasillos como si fueran vagones de tablas de los tiempos de Alfonso XIII y donde se abren “carnicerías veganas” para aplacar las colas del hambre.

Lo que llaman “nueva normalidad” y sostenibilidad no era otra cosa que un regreso a la caverna ociosa para pintar bisontes en el techo como en Altamira.

He dicho.




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