No lo puedo remediar. No soporto a las personas que solo ven su propio ombligo. Quiero decir…. ya saben, esa gente (seguro que conocen a alguien así, incluso entre sus amigos) que, sea cual sea el tema de conversación, siempre acaban hablando de sí mismos, de lo guapos y altos (o guapas y altas) que son, de lo bien que lo hacen todo y el éxito que tienen en todo lo que abordan…. Este tipo de gente que piensa que es imprescindible para el resto de mortales conocer de su vida y milagros, precisa, para ser feliz, básicamente solo dos cosas, la primera y fundamental, a sí mismos, el centro del universo, y la segunda, imprescindible, una legión de otra gente alrededor que alabe continuamente sus manifestaciones de alegría por haberse conocido a sí mismo (o misma).


Un ejemplar paradigmático de esa especie, y que quedará en los anales y, lamentablemente, en la historia de España (esperemos que solo como una nota breve y al margen) por el daño causado a nuestra Nación en un plazo tan breve, es Pedro Sánchez, colmo de la impudicia (en román paladino, de la cara dura), que, no contento con el destrozo practicado en nuestra economía a base de medidas demagógicas y populistas, con haber negociado y cedido en todo lo que le dejaron con los independentistas y golpistas catalanes o con ahondar en la división y el enfrentamiento guerracivilista, siguiendo la estela de su ejemplo, Zapatero, sacando a pasear la momia de Franco, culmina su breve pero letal legislatura sufragándose con dinero público, con nuestro dinero, el suyo y el mío, en una actuación nunca antes vista en nuestra democracia, propia de un trilero de la política huérfano de vergüenza, su propia pre campaña electoral merced a ese subterfugio, que debería ser ilegal (y no acabo de entender porque los partidos de oposición no andan gritando por todas las esquinas ante tamaña utilización de las instituciones en beneficio de una sola persona) de anunciar unas elecciones pero seguir en el puesto de Presidente con plenas potestades, sin disolver las Cámaras (y no en funciones, como sería lo lógico), para así tener tres Consejos de Ministros más en que aprobar medidas electoralistas que sabe no podrán aprobarse en esta legislatura.

Pero no contento su ego con eso, este personaje elige, ¡oh, casualidad!, estas fechas previas a la cita con las urnas para publicar un panfleto hagiográfico escrito por una negra (y no es racismo, no se me solivianten, sino el término coloquial para designar al que escribe un texto que firma otro, lo que en el mundo anglosajón se denomina ghostwriter, o sea, un escritor fantasma) e inundar con el todas las televisiones, redes sociales y medios escritos, de manera que no quede bicho viviente que no se entere de su existencia, y lo comente, sea para alabarlo o, disculpen la vulgaridad, para ponerlo a parir ( lo importante es que hablen de ti, Oscar Wilde dixit, ya saben).  


Que el libro no haya por donde cogerlo y sea un repertorio de mentiras y sandeces lisonjeras y laudatorias de su propia persona que causa una invencible vergüenza ajena, parece no importarle al personaje, lo que no debe sorprendernos pues ya tiene acreditada su capacidad para decir una cosa hoy y justo la contraria al día siguiente sin sonrojarse y con la misma convicción, sin perder ese rictus pétreo y esa voz engolada que es capaz de proferir las mayores estupideces como si fueran pensamientos profundísimos y que debe haber entrenado en la misma academia que ese otro farsante llamado Pablo Iglesias.

Pero claro, cumplida con creces la primera premisa necesaria para la felicidad del personaje, a saber, el egocentrismo de proporciones astrales del mismo, falta la segunda, y es ahí donde entra en liza ese rebaño de aduladores y cobistas de ambos sexos de los que se ha rodeado, gente que, a costa de su prestigio, el que lo tuviera, y de su dignidad, se han embarcado en la empresa no de un PSOE que ya no existe, sino de Sánchez S.L., dejándose por el camino todo lo ganado en sus trayectorias personales (que, en muchos casos, eran prácticamente nulas, pero en otros merecía mejor final).

Yo no sé a ustedes, pero a mí me causa estupor y cierta tristeza, contemplar como figuras antaño respetadas en sus quehaceres profesionales como Margarita Robles, Grande-Marlaska o el astronauta Duque han dilapidado su honra y su reputación en pos de un proyecto personalista y, lo que es peor, totalmente carente de principios ni ideología. Son cosas que se me escapan y nunca lograré entender. Que unos meses de cartera ministerial y cierto poder compensen tanta pérdida.

Ver a ese Consejo de Ministros el día en que el “ínclito” Sánchez anunció la convocatoria futura de elecciones, en pie y rompiéndose las manos a ver quién le aplaudía más fervorosamente, fue una de esas situaciones en que uno mismo se abochorna ante la capacidad de envilecimiento y degradación que atesora la humana condición. Como lo es contemplar a ese dechado de claridad expositiva y fluidez verbal que es la ministra de Justicia participar denodadamente en la precampaña de Sánchez y deshacerse en las televisiones y radios amigas en piropos y halagos al preclaro líder carismático, afirmando con total convencimiento que estaban todos muy ilusionados e implicados en el “proyecto” del Presidente…..practicando, como dijo en feliz frase el otro día Jorge Bustos “una terapia de choque contra la vergüenza propia a fuerza de aumentar la ajena”. Y como si el Presidente tuviera otro proyecto que sí mismo.

Padecemos un Presidente del Gobierno de España que es un vanidoso irredento que piensa que todo lo que sale de su boca es de vital importancia para el resto de mortales y que deja que alguien escriba por él que su primera decisión al llegar a Moncloa, la que dice afectada y grandilocuentemente, “lleva consigo la fuerza simbólica de condensar una visión política y ejemplificarla con una sola acción, que trasladará un nuevo mensaje político”, fue…….cambiar el colchón de la cama de matrimonio.

Nada que añadir.