Verde esperanza

Creo en la necesidad imperiosa que tiene nuestra frágil democracia de posiciones antisistema, en el mejor sentido del término: posiciones para combatir un sistema político corrupto hasta la médula, que ha dejado de servir a los fines que la sociedad le había encomendado. En este sentido vi con simpatía la irrupción de Podemos, aunque solo fuera por su cuestionamiento del degradado sistema de partidos en España. Pero Podemos ha tardado muy poco en sumarse al establishment político, y en convertirse en uno más de la “casta” política para el reparto de privilegios. Con mayor ilusión asistí a la irrupción política de VOX, un partido “de extrema necesidad”, en palabras del juez Francisco Serrano durante su campaña electoral en las autonómicas andaluzas, que fueron el detonante de su despegue electoral. Creo que la mayor virtud de VOX, la que arrastró a muchos votantes desde la abstención a la esperanza, fue su valentía. Su valentía contra los principales tabúes ideológicos que, desde el poder político, se están inoculando a la sociedad, con la finalidad última de desactivarla, en todos los sentidos. Entre estos tabúes destaca, por méritos propios, el tabú del “género”, una nueva división populista y maniquea de la sociedad en malos y buenos, que ha sustituido a la lucha de clases en el imaginario de la izquierda, primero, y ya luego “transversalmente” en el resto de los partidos. Serrano, juez de Familia represaliado por sus posiciones contra ese tabú, es un icono indiscutible contra este nuevo sexismo demoledor no solo de la familia, sino de la intimidad, de la demografía y, finalmente, de las personas, del concepto mismo de persona, que se ha devaluado al ritmo de la degradación de los derechos fundamentales en España. Solo desde su libertad intelectual, desde su experiencia profesional, desde su heterodoxia y, sobre todo, desde su “incorrección”, pudo Paco Serrano abrir una grieta al gigantesco ídolo de granito ideológico “de género” con que el poder político aplasta la dignidad de tantos españoles. Paco Serrano representa la esencia de esa posición –que no opinión- antisistema, tan necesaria hoy como agua de mayo. Por eso la reciente discrepancia de Serrano con su propio partido, por motivo de unos tweets, me causa preocupación. Al hilo de la sentencia de “la manada”, Serrano hizo una durísima crítica a la destrucción de dos principios esenciales en una democracia real y un Estado de Derecho: la independencia del poder judicial, y la presunción de inocencia, nada menos. Todo lo demás son adornos, formas, por eso los enemigos de la libertad, carentes de argumentos, arremetieron contra esas formas -que si Serrano había dicho “prostitución”, que si “gatillazo”, que si “manada”… – obviando el mensaje de fondo. Creo que los partidos de la “la casta” deben estar frotándose las manos con esta discrepancia en el seno del único partido que se atreve a llamar a las cosas por su nombre, poniéndolos en evidencia. Y esa discrepancia se ha convertido ya en la noticia. Espero que VOX no pierda ahora la valentía que lo caracteriza, y no sucumba ante ninguna clase de dogmatismo, propio o ajeno. Espero que siga escuchando con atención a esa mayoría tan silenciosa como políticamente huérfana, en vez de a las jaurías del poder. Y siga enarbolando, más allá de la rojigualda, el verde esperanza que a tantas personas ha devuelto la ilusión en este erial de libertad que llamamos España. Libertad de la que el juez Serrano es un defensor insobornable, e imprescindible.



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