¿Vemos la viga en el propio?

Caminar por la ciudad unos minutos es sinónimo de recibir mensajes de ideologías varias. Ya nos hemos tenido que acostumbrar a que Sevilla, aparte de Muy Noble y Muy Leal, es “ciudad de la diversidad sexual”, así por las buenas. Bueno… pues una característica más. 

Luego vemos continuamente grandes letreros (los sufridos usuarios del transporte público son las mayores víctimas, ellos no ven el cartel de pasada, sino que se les impone a la vista durante largos minutos, todos los de espera en las paradas…) que exigen, con ingratas imágenes: “Luchemos contra la mutilación…”, bueno, horror da ni trascribirlo, luchemos contra ciertas prácticas rituales en muchos lugares del Tercer Mundo que nos chocan particularmente.

No será que esto no nos espante, cuando no queremos ni repetir de qué se trata (esperamos que se entienda). Ahora bien… ¿no podemos empezar por nuestra propia casa?

Antes, una revista femenina (expresión tabú, no se sabe por qué, en una época de “feminismo”) suponía un pequeño relax, un sumergirse en una frivolidad inocente, elegancia, modas, qué colores van bien, peinados que favorecen… Ahora, esas revistas o su equivalente digital… pues parecen publicaciones de veterinaria, o el boletín semanal de un matadero. Liposucciones, clínicas, carne, carne, grasa, vísceras…

¿Dónde está la belleza, la elegancia, el glamour…? Fotografías de partes íntimas del cuerpo “antes y después”, carne, carne a secas, vello o falta de él, poros, intervenciones, agujas…

Hace ya algún tiempo salieron las imágenes de una joven de relativa fama (la ex-novia de un sobrino del Rey), que a los veintiún años se había operado la cara. Pasó de lucir un rostro cargado de frescor y juventud, a asemejarse a cualquier actriz o presentadora de televisión sexagenaria. La reacción del público fue bastante uniforme: burla, risas y casi una malvada satisfacción al confirmarse que “esta chica es tonta”.

¿Nadie se compadeció de esa muchacha, nadie sintió lástima? Parece que es de familia adinerada, ¿basta esto para no apenarse de semejante destrozo, físico y mental? Además, aunque admitiéramos que “a los ricos no hay que compadecerles”, cosa absurda, pero aun así, ¿no ven que esto se extiende, que miles de muchachas que ganan sueldos exiguos, en la limpieza, en empleos mecánicos, ahorran para “poder operarse”? “Es que son tontas”, se suele responder. Bueno… la mayoría de los seres humanos poseemos una inteligencia limitada ¿el no tener un cerebro tan privilegiado como para comprender que todos los mensajes que recibimos son perversos, eso hace que merezcamos el seguir recibiéndolos?

Alguien podrá defender que a estas occidentales que se operan nadie las obliga, mientras que en el caso que publicitan (los rituales de otras culturas), sí. Este argumento es muy débil. ¿Qué significa “obligar”? Las circunstancias recientes nos han hecho experimentar vívidamente cómo el control social, la presión vecinal son armas policiales muchísimo más potentes que cualquier ley o amenaza de multa. Y también nos han hecho ver que la más cruel de las limitaciones (“¡Prohibido salir de casa!”), si cuenta con el apoyo popular, no es percibida como algo malo sino bueno. Así puestos… ¿qué significa “obligar”? ¿Cómo tan alegremente decidimos que en otras culturas se prohíban ciertas prácticas, ciertamente terribles; y en cambio las no menos horribles que se cometen en la nuestra, las despachamos con “Bah, esas chicas son tontas”, sin hacer nada por protegerlas?

Destrozarse el rostro parece lo peor, pero acaso no lo sea. En las clínicas de estética (¡Estética! ¡Belleza! Cómo se han prostituido esas palabras. Veterinaria y carnicería serían más apropiadas) se hacen al parecer, operaciones en ciertas partes del cuerpo “para adaptarlas a los mini bikinis”… Las clientas lo harán “por gusto”. Pero a tres siglos vista, o a ojos de un marciano observador, ¿no se podrían decir cosas como: “En el siglo XXI en España, para atraer a los hombres a las mujeres jóvenes se les obligaba a pasar por el quirófano para hacerse esto y lo otro antes de ponerse en bañador…”?

Nos espanta el vivir en esta era de orgía prohibicional, esta época en que la masa, en vez de salir, como leemos en los manuales de Historia, casi siempre muy sesgados, “a defender sus derechos”, pues sale a pedir más prohibibiones. Flotan en la calle, en todas partes, frases como: “es que la vacuna tendría que ser obligatoria” “es que habría que encerrarse otra vez” “es que esto y lo otro tendría que estar prohibido”… Horror nosa da esto; pero ya puestos a prohibir y prohibir… ¿por qué no se prohíben los quirófanos que deforman por capricho el cuerpo humano?

Entendámonos: no abogo por esa prohibición, ni por ninguna otra. Pero no sé cómo no se nos cae la cara de vergüenza de exigirle al Tercer Mundo (¿por qué llamarles “países en vías de desarrollo”? ¿En vías de qué?) que acabe con sus “bárbaras” prácticas, teniendo aquí estas nuestras.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *