Urkullu, Torra y Sánchez… nos roban

En junio de 2016, Suiza sometió a referendum la propuesta de un grupo independiente que proponía pagar una renta básica incondicional (RBI) de 2.200 euros (2.500 francos) a todos y cada uno de sus ciudadanos de por vida.

La propuesta de financiación consistía en que quienes no ejercieran ninguna actividad lucrativa recibirían dicha cantidad, los que tuvieran un salario o una pensión por debajo de esa cifra, les sería completado por el Estado hasta alcanzar dicha cifra y los que cobrasen por encima de la misma les sería descontada una cantidad variable hasta 2.200 euros de máximo.

El portal Swissinfo lo explicaba así: “partiendo de la hipótesis de una RBI mensual de 2.500 francos (2.200 euros), una persona que ganara un salario de 1.500 francos recibiría 1.000 francos más gracias a la RBI, mientras que la suma total percibida por una persona con un salario de 2.500 francos permanecería invariable. En sentido contrario, a un salario de 6.500 francos le serían retenidos 2.500 de contribución a la caja de financiación de la RBI. El ingreso sería entonces de 4.000 francos a los que se añadirían los 2.500 de la RBI pagados por la Confederación. En suma, esa persona cobraría 6.500 francos”.

¿Saben el resultado de aquella votación? El 78% de los suizos votó en contra, pero traten de imaginar lo que habría sucedido en España no ya en este momento de hecatombe económica, sino incluso en plena era de crecimiento. No resulta descabellado pensar que aquí el voto en contra habría sido una cifra algo menos que residual y cuanto más alta hubiese sido la cifra a percibir, más votos a favor habría sumado la propuesta.

Lo cierto es que de aquella propuesta puede deducirse fácilmente que quienes habrían pagado el grueso de la medida habrían sido las clases medias, lo cual explica tan rotundo pronunciamiento en contra de los suizos. Y aun así, el coste de semejante programa de financiación sólo habría cubierto el 84% del plan RBI y el resto habría tenido que aportarlo el Estado.

Puede comprenderse mejor así qué cosas nos separan de la Europa a la que despectivamente y con carácter netamente peyorativo se ha denominado “frugal” cuando en el PSOE y en Podemos querían decir “rácana” e “insolidaria”.

Suiza no pertenece a la UE, pero la mentalidad de los Alpes hacia arriba sabe más de acumular y guardar para el frío invierno que del sonido de las chicharras del Mediterráneo. Allí, por ejemplo, una ministra como Marisú Montero, la chiqui de los “1.500 millones no es ná”, sería vista como una loca del moño digna de ser sometida a un control de alcoholemia. Y el marqués de Teherán y su troupe de conspiradores, no lo duden, estarían recluidos con camisa de fuerza en un balneario a orillas de un largo perdido entre las montañas.

A la muy mayor parte de los españoles se nos ha quedado ya la cara de tontos después de que el Ministerio de Sanidad haya reconocido que no existió jamás un comité de expertos que asesorara al Gobierno. Pero lo peor no es la cara que se nos ha quedado, sino que en Europa ya no son capaces de mirarnos de otro modo y les ha empezado a dar la risa cada vez que alguno de los nuestros dice algo.

Para consumo interno se queda que Narciso Sánchez haya decidido que el reparto de los fondos de la UE lo va a realizar él personalmente, sin expertos y sin comités de ninguna clase…, o sea, exactamente igual que cuando había comités inexistentes.

Pero es aún mejor que Sánchez pretendió convencer a la UE de que los 70.000 millones de ayudas más los 70.000 millones en préstamos no estuviesen sujetos a condiciones de ninguna clase y, en cambio, a las comunidades autónomas les exige proyectos concretos a los que piensan destinar el dinero. El cinismo le obliga a colocar la parte ancha del embudo siempre para el mismo lado.

Y tampoco servirá de nada, como ya hemos visto, porque sin presentar proyecto alguno Urkullu se ha asegurado ya de entrada 2.000 millones añadidos de financiación, que, para que se hagan una idea, es el equivalente a dos Expo 92, casi el doble de lo que costó aquel maravilloso dispendio: 1.100 millones de euros fue lo invertido en la Cartuja. Si le sumas lo que se llevarán los catalufos, les construirán otro par de Juegos Olímpicos.

A la izquierda española el infantilismo le permite seguir creyendo que alguien sólo puede hacerse rico si empobrece a otros. Con semejante letanía pordiosera por bandera no entienden, sin embargo, que donde sí funciona un axioma tan imbécil es con el reparto caprichoso de los fondos del Estado y lo que le das alguien significa que se lo estás quitando a un tercero. Y lo que se llevan Urkullu y Torra se lo restan a Moreno Bonilla, entre otros.

Lo que no se entiende bien del todo es que en tales circunstancias Casado muestre su disposición a negociar los presupuestos generales y la renovación de los órganos del Poder Judicial con un tramposo cum laude y un tipo tan mentiroso que no cumplirá ni una sola palabra de lo que acuerden. Haría bien, al menos, en exigirle los pagos por adelantado a las comunidades autónomas en las que el PP gobierna.

He dicho.




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