Unicornios, dinosaurios y delfines toman un café

Todos sabíamos que sucedería algo parecido… La muy contaminante e inconsistente Carmen Calvo invitó a Cayetana desde el Congreso a tomar un café y con dos horas por delante. La CAT, que, dijimos, es mujer habilidosa como un orfebre y valiente como un gurka, aceptó la cortesía por escrito, pero lo quería con leche y un terrón de azúcar, y la Calvo, claro, se asustó.

A lo que invitaba Carmen Calvo, según dijo ayer en el Parlamento, es a tomar café como dos mujeres normales y no a “un circo” (pixie y dixie) con cámaras. O sea, lo que pretendía la Calvo es ese comadreo informe en el que se mueve toda feminoide, que cree sentir en común con otras de su mismo sexo sólo por usar liguero y tacón de aguja o por tener la menstruación; es decir, no la solidaridad desde la inteligencia, sino la del climaterio y las sandalias de Manolo Blahnik o los bolsos de Prada.

Pero la solidaridad del femicinismo es una farsa y una mafia que despacha en bragas desde el baño con los alcaldes y arrebata sólo a las vestales de esa ideología totalitaria de la discriminación… y la CAT, como Maruja Torres, no tiene lo suyo para ruidos vacuos ni monsergas maternalistas y excluyentes de la Calvo.

“Como dos mujeres normales”, dijo la Calvo…, cuando ella misma no es normal, sino muy por debajo de cualquier ranking que establezcas. La defensora de que “la Unesco legisle para todos los planetas”, la que apeló en el año de Cervantes a que nuestra relación con el mundo árabe venía de antiguo porque incluso D. Miguel estuvo en Orán y Argel (se le olvidó anotar que estuvo en calidad de esclavo, prisionero de las garras mahometanas), lo que busca siempre es la comandita identitaria del cintillo de la braga, ese cotilleo de vecindonas en el ojo-patio al que acudir para acusarte de lo que le dijiste sin testigos detrás de la taza humeante del café: tu palabra contra la soberbia idiota de un puñado de ministros que mienten mucho más que hablan… y no paran de hablar. O sea, de mentir.

Ahora ya no hay duda de que el último rastro de cordura (si alguna vez lo tuvo) de la Calvo se lo arrebató el covid19, que vino a negociar con ella, por misericordia, un té en una clínica de lujo y un confinamiento en un exclusivo apartamento del Patrimonio Nacional a cambio de que no se vuelva a poner la gorra de cuadros lila del 8-M…, ¡por Dios!.

El femicinismo es cobarde por definición y sólo vive de la jauría y de montar manadas alrededor de quien las niega y las rechaza. El femicinismo es un huevo vacío, con agujero, que requiere del acoso y la algarada, del tumulto y el griterío, que no argumenta, sino que proclama, estigmatiza y no atiende a nada; o sea, el femicinismo es el dogma de la progrez en su salsa, el síntoma de la idiotez definitiva, per saecula saeculorum.

Lo que Irene Montero y la Calvo necesitan cuando hablan en el Congreso no son más minutos, sino un coro que vocifere sus consignas y sus afirmaciones de pancarta, para que la palabra hueca tome cuerpo y se torne consistente.

Sin manada, el femicinismo es nada, puro delirio, pura pus que supura por la falsa herida de una brecha salarial que es territorial en el caso de la Policía y la Guardia Civil, no de género ni sexos, ni de la madre que nos parió.

Esta misma semana, el enjambre del femicinismo tumultuoso y violador se ha apuntado otra de sus víctimas en la buchaca, para cobrar del pacto de Estado. Un tipo, en Úbeda, asesinó a su mujer y a sus dos vástagos (se adoraban) y luego se arrojó al vacío en lo que parece un brote psicótico atroz, carne de psiquiatría, no de tumultuarias del moño.

Pero les da lo mismo, porque cuentan muertes como Simón, con el ábaco tramposo de su sectarismo y de su demagogia, hasta que alguna vez alguien sugiera que todas esas mujeres de sus listas quizá murieron en un accidente de tráfico enoooorme… Quién sabe, ¿verdad, Simón?

Pero lo de ayer en el Congreso se resume mejor con el discurso de una catalufa hiriente (supongo que podemita o de ERC), que, indignada, reivindicó una ley de educación que abomine de los exámenes, de los deberes y las reválidas.

Nada de ejercitarse en el conocimiento ni acumular saberes, sino más cuore, más pandemia de los sentimientos, más equilibrio emocional que derribe estatuas… Ese es el futuro que vislumbra la progrez: acabar, dijo, con “el dogma insoportable de que todos los niños tienen pene y todas las niñas tienen vulva”: tal cual.

Ni la Tierra gira alrededor del Sol ni se deben estudiar las etapas de la Historia donde gobernaron los abusos. La Tierra es un lugar hermoso en el que bailan los delfines, destinado a que lo habiten los progres, los unicornios y los dinosaurios…, sólo si son herbívoros, déjate de leches.

Muchos cursos de sexualidad, inteligencia emocional, educación viaria, ‘igualdad de género’, profundizar en los casos y las patologías más extraordinarias de la LGTB, primeros auxilios, flauta, respeto a los ‘derechos’ de los animales…, pero, ¿quién va seguir investigando el cáncer? ¿Quiénes construirán los puentes o diseñarán la tecnología q permita dulcificar lo cotidiano o que alimente a más de 7.000 millones de personas? ¿Quiénes levantarán los edificios del futuro o para qué gastar ni un céntimo en sostener monumentos históricos cuyo significado desconocen y les importan una higa? Sencillamente, ¿quiénes van a reparar un grifo?

¡Ah, sí, que inventen ellos! Así no hay forma de acabar con el covid19. Viviremos para siempre en un estado de alarma, a perpetuidad.

PS: Y C’s…, calentando el biberón.

He dicho.




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