Una ruina con pianista y todo

Cualquiera que sea la hora a la que lea esto, puede tener la certeza de que el teléfono de Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, no ha parado de echar humo desde que se conoció que el juez del caso Villarejo envió solicitud para que se investigue al sr. Marqués de la Patraña.

Más de media España (incluso muchos votantes del PSOE) sueña con ese momento en que una pareja de la Guardia Civil lo recoja a la puerta del chalet y le proteja el moño para que no se choque con el quicio de la puerta de un zeta con los gálibos encendidos caminito de un calabozo. Sin privilegios de la casta, que no van con él, ya saben, como uno más o como Rodrigo Rato, que luego ha sido absuelto.

No es de extrañar las prisas que le habían entrado, a él y a su socio de gobierno, para renovar, antes de que ocurriese algo como esto, los órganos del Poder Judicial y no tener que afrontar la decisión sobre el suplicatorio que llegará al Congreso.

No se hagan ilusiones, les ruego, porque si eso alcanza a suceder, tengo el convencimiento pleno de que el PSOE votará en contra a costa de lo que haga falta, porque ya me contarán, si no, cómo podría continuar adelante ese Consejo de Ministros arreando decretazos, que son ya 66 en dos años y se quejaban de que Aznar hizo 47 en 8 años y Rajoy 46 en siete.

Sería la primera vez, me parece, en que el Legislativo se opondría a conceder el permiso para que uno de sus miembros sea juzgado como el resto del populacho y entonces ya no tendríamos sólo al Rey inviolable, sino también al valido del monarca “ex aequo”, pero no por razones de Estado, sino por el mero interés ladino de quien se siente ungido para navegar los mares en una barquichuela inestable y llena de agujeros como es este gobierno de parches y retales.

Ayer, el príncipe de la tiniebla quiso presentar su Plan E a la manera circense, con pianista y todo, y con cheerleaders, como si celebraran la conquista de un Roland Garros o unos juegos florales, cuando se trataba en realidad de un funeral tenebroso que va a enterrar a este país en una deuda colosal que durará más que la posguerra.

Como no se le ocurrió nada mejor, plagió hasta la cifra de Felipe de los 800.000 puestos de trabajo, con la diferencia de que en el discurso electoral de González no era una promesa, sino una declaración de intenciones, mientras que en boca de Sánchez era una buena nueva, olvidando que si ha generado ya 2 millones de parados y cientos de miles de personas en un ERTE que no cobran, su enunciado es una triste guasa o un puro cachondeo, sin más soporte que cuando dijo, antes de las elecciones, que dejaría en manos de los jueces y de los expertos la elección de los órganos del Poder Judicial.

O el mismo valor que cuando se comprometió a no pactar nunca con Bildu ni con los populistas de Podemos, porque, según le dijo a Ana Rosa con su cara de piña, “El final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de democracia y la desigualdad”. Y sin descoyuntarse de la risa, oiga, que también tiene su mérito…

Ayer Gómez de Celis me confirmó delante de toda Andalucía, en las pantallas de Canal Sur TV, que cuando Sánchez fue obligado a dimitir por la Ejecutiva del PSOE el 1 de octubre de 2016, fue porque quiso que el sanedrín que entonces controlaba todavía Pérez Rubalcaba, asumiera su estrategia de pactar hasta con el demonio pero ocultándoselo al electorado.

Lo tomaron por loco y lo mandaron a limpiar las cuadras, pero el resiliente, como ocurre con los psicópatas, con los golpistas y los violadores, si les das una segunda oportunidad, terminan por robarte la cartera y se salen con la suya cueste lo que cueste.

Y de momento nos lleva costados más de 50.000 muertos, una humillación constante (al Rey, a la Guardia Civil, al Ejército, a los votantes, a la Policía Nacional…) y una ruina prodigiosa de dimensiones de posguerra y que puede desembocar en un ‘corralito’, en las cartillas de racionamiento y en el estraperlo.

Como Europa le siga dando hilo a la cometa de este disparate, que elimina el techo de gasto y dispara el presupuesto a límites por encima del keynesiasmo académico, aquí no quedará ni Amancio Ortega para reservar mesa en un desierto de chiringuitos vacíos y hoteles descascarillados en Benidorm. Van a tener que resucitar a D. Manuel Fraga.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *