Una justa prohibición que encuentra oposición

Holanda acaba de prohibir, bajo multa de 150 euros, el uso de cualquier tipo de prenda que oculte la cara, y con ello el burka y el niqab que llevan algunas mujeres musulmanas. El burka es el vestido que oculta la totalidad del cuerpo (se supone) femenino y la cabeza, dejando una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos, mientras que el niqab permite ver los ojos de quien los lleva a través de una estrecha franja.

Con esta prohibición Holanda se suma a otros países europeos -Francia (2010), Bélgica (2011), Dinamarca (2018), algunos Estados (8) de Alemania, Austria (2017), Bulgaria (2016), Letonia (2017)- que prohíben este tipo de atuendos integrales, y no tanto por motivos religiosos, sino por razones de seguridad y orden público, pues ocultar la identidad de quien los lleva es algo incomprensible cuando existen graves amenazas de atentados terroristas y por todos lados se extreman las medidas de seguridad.

Sin embargo, dicha prohibición sólo es parcial y limitada a  áreas públicas como escuelas, hospitales, transporte público y edificios gubernamentales, quedando permitido su uso para todo el resto de ámbitos. E igual de sorprendente resulta la oposición de no pocos colectivos, e incluso autoridades, que se niegan a hacer cumplir la prohibición.

Algo tan inquietante como la mera visión de ambas prendas por las calles occidentales ante la indiferencia de casi todos.




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