Un puerto con vistas a Tánger

La propuesta era atractiva: un sábado de mediados de marzo, uno de esos días que damos en llamar de entretiempo, visitar en compañía de un grupo de amigos las ruinas de la ciudad romana de Baelo Claudia (Tarifa), guiados por una experta en Historia Antigua de Atrium, empresa sevillana especializada en rutas guiadas.

La jornada no podía empezar mejor: tiempo soleado, puntualidad por parte de todos los acompañantes, y una parada en ese entrañable pueblo de Los Palacios para desayunar en Casa Castillo, un mollete antequerano con jamón serrano, aceite de oliva de La Puebla de Cazalla y tomate de la tierra, regado con un buen vaso de zumo de naranja y el consiguiente café. Por cierto: si el género era bueno, el servicio no le iba a la zaga. Entiendo perfectamente a esos que dicen que el desayuno es la comida del día con la que más disfrutan.

Los casi doscientos kilómetros que hay desde Sevilla, se hacen cortos cuando entablas agradables conversaciones con tus acompañantes y la carretera es tranquila. Conforme íbamos llegando, María nuestra guía, nos iba informando de lo afortunado que éramos al poder contemplar una antigua ciudad romana costera, en un estado de conservación bastante aceptable si consideramos que su fundación data del siglo II a. de C., y que estuvo habitada y con vida hasta el siglo VII d. de C., pero que no fue documentada hasta que se iniciaron las excavaciones en 1917 por parte de un arqueólogo hispanista francés: Pierre Paris.

Al llegar a nuestro destino, y tras cruzar la entrada a las instalaciones inauguradas en 2007, se nos presenta en la pared una frase escrita por el el geógrafo e historiador griego Estrabón: Baelo es un puerto donde generalmente se embarca hasta Tingis (Tánger), en Mauritania. Es también un emporio que tiene fábricas de salazones (Geografía III, 1, 8). A continuación, quedamos impresionados por la vista de esa gran playa que termina hacia el oeste en la ensenada de Bolonia, al sur donde se columbra la cordillera del Atlas, al norte con las sierras de la Plata y San Bartolomé, que parecen empujar hacia el mar a la urbe, y hacia oriente, con la punta o cabo de Camarinal y su faro.

Dejamos para una segunda visita la entrada al Museo y la visita a su exposición permanente porque teníamos previsto pasar la tarde en Vejer de la Frontera, y por ello pasamos directamente a la ciudad romana, cuya mayor riqueza económica era la industria salazonera y su comercio con el norte de África. Es en la primera mitad del siglo II cuando recibe el apelativo de Claudia, promocionando a municipio romano y disfrutando así la ciudad del período de prosperidad más importante de su historia.

El siglo III vino marcado por un terrible terremoto con el que inicia su decadencia, que concluye con el ineluctable abandono de su población en el siglo VII. Baelo Claudia es un claro referente para el conocimiento del urbanismo dela época y la vida en una ciudad durante el Imperio, ya que aquí se localizan todos los elementos representativos que constituyen la esencia de una ciudad romana, a saber: 

Tres acueductos (el oriental, el occidental y el de la fuente del Realillo), que contribuían al abastecimiento de agua potable; las dos necrópolis de alta densidad, excavadas parcialmente en los últimos años; las factorías de salazón (con sus salas de despiece y de salazón propiamente dicha), gran complejo industrial que es uno de los mayores excavados en la península ibérica, donde se fabricaba el garo (del latín garum, una salsa preparada con vísceras fermentadas de pescado muy extendida en la gastronomía romana); el mercado, con sus tres puertas que daban paso a catorce tiendas y a un patio interior porticado…

Nos llamó la atención el estado de conservación del enlosado de sus calles del que alguien comentó en broma que ya quisiera para sí alguna calle de Sevilla, sobre todo el de la plaza meridional, donde se ubicaba el centro monumental, que era donde se desenvolvían las actividades administrativas, culturales y religiosas: la basílica, el archivo municipal, la sala de votaciones, la curia y la escuela.

No podía faltar el teatro, edificación que aprovecha la media pendiente de la ladera para asentar sus gradas y donde se han llegado a representar actuaciones en verano. Sin duda, el mejor sitio para realizar una foto de grupo. 

Muy cerca de allí se encuentra el área religiosa, que domina claramente el centro monumental y cívico de la ciudad sobre una terraza más elevada, compuesta por tres templos simétricos dedicados a la tríada capitolina: Juno, Júpiter y Minerva, pero además, como consecuencia del auge de los cultos orientales, se añadió otro templo dedicado a la numen egipcia Isis, deidad tan arraigada en nuestras latitudes, que dio origen a los nombres de Isidro e Isidoro, que significan “regalo de Isis”.

Ciertamente, una excursión que les recomiendo hacer, ya sea con amigos o con la familia, de la que estoy convencido que les quedará un buen recuerdo. 

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




1 Comment

  1. Nahid Anwar dice:

    Muy detallado y súper escrito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *