Un pino

En pleno arrebato depilador, cuando la canícula amenaza más con quedarse entre nosotros que en escapar hacia otras lindes, vemos como la piel de la ciudad se va quedando más lisa que el trasero de un bebé. Y no es que estemos en contra, más bien a favor como no podía ser puesto en duda, del desarrollo sostenible, del saneamiento de nuestro patrimonio vegetal y del mantenimiento adecuado de parques y jardines, sino que estas actuaciones que está llevando a cabo nuestro Ayuntamiento en pos de la seguridad vial están abriendo los ojos, y la crítica, al ciudadano medianamente observador.

No va por ahí mi reflexión. Más por la de volver a comprobar que esta ciudad, en su desesperante indolencia y falta de respeto a sí misma, no repara en agresiones a su ética y estética. ¿Hay que talar árboles?, de acuerdo si representan un peligro para parroquianos y turistas, pero acompañado de un plan que los reponga de manera inmediata, porque a este paso van a hacer ricos a los sombrereros. Sevilla no puede subsistir sin sombra, y el turista que viene a dejarse los cuartos, menos. Hay que reponer ese arbolado de manera urgente pero… a ver cómo y sobre todo DÓNDE. En algo de esto deben estar en la Casa Grande pero, ay, han vuelto a la falta de respeto y al ataque inconsciente al patrimonio que deben defender.

Si hay un monumento visitado en nuestra ciudad es la Catedral. Las colas de foráneos son interminables cada día, cámara (o móvil) en ristre fotografiando hasta la última gárgola, hasta el más pequeño detalle que el solícito guía les apunta. Todo va bien hasta que llegan a la perpendicular de la Puerta de la Asunción, la principal, la que da acceso a la nave mayor, se apostan, enfocan, y ¿qué sale en la foto?… UN PINO. Mis conocimientos, cortos, en botánica, me hacen dudar de la especie plantada en cuestión en ese horrendo macetero que han replicado a lo largo de nuestra arteria principal (de su estética y evidente deterioro hablaremos en otra ocasión). Seguramente no es un pino, pero da igual la especie vegetal. Señor Alcalde, ha plantado usted un pino, frase de variadas interpretaciones, en medio de la foto perfecta, delante de la más importante puerta de nuestro más importante monumento. El turista, cuando vea retratada a la mujer de sus amores en el marco incomparable que tiene ante sus ojos, deslumbrado por su magnificencia, o es un experto en el retoque fotográfico o lo que saca en primer plano y queda en el recuerdo imborrable de la nube cibernética es … UN PINO.

Señor Alcalde, replante y reponga todos y cada uno de los árboles que la prudencia le pide talar, pero cuando lo haga piense si lo está haciendo donde debe. No estropee la foto que promociona nuestra ciudad, tan en boca y papeles de promotores turísticos. Solo es cuestión de sensibilidad y de respeto a la historia. Plante pinos o naranjos, los que quiera, los que Sevilla necesite, pero hágalo de manera lógica y no desenfoque nuestro pasado.


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