Un país que no sabe que está hervido

Se ha cumplido quince años de la publicación de “La rana que no sabía que estaba hervida”, cuyo autor es el franco-suizo Olivier Clerc, fábula que ha alcanzado una gran fama en un corto espacio de tiempo. 

Olivier narra como una rana, un día, saltó a una olla hirviendo. Instintivamente, dio un gran salto y salió de la olla. Sin embargo, otro día, volvió a saltar sobre la misma olla cuando estaba llena de agua fría. La rana se encontraba muy feliz el agua de ese recipiente. Lo que desconocía era que el agua aumentaba lentamente su temperatura. Se transformó de agua fría a templada, la rana no sentía el aumento gradual de la temperatura; inconscientemente iba acostumbrándose a la elevación del nivel térmico. Y llegó el momento que alcanzó una temperatura tan alta que le produjo la muerte.

La moraleja de esta fábula es clara: “si asumes los cambios frívolamente sin analizarlos, puede ocurrir que alteren negativamente tu vida e impida la vuelta atrás”.

Son muchos los ejemplos aplicables de esta fábula a nuestro país.

Uno paradigmático es el referente a la denominada la ley del aborto. Una verdadera ingeniería social en fases, análogamente a la fábula de Clerc se procedió de forma gradual. Un gran éxito de marketing fue denominarlo como interrupción voluntaria del embarazo, la realidad es que no se interrumpe sino que se finaliza el embarazo con el asesinato de un inocente en el seno de su madre. 

Con el pretexto de atender casos singulares como malformación del feto, violación o riesgo grave para la salud de la madre, en 1985 se despenalizó el aborto en las primeras 12 semanas en el caso criminológico, en las 22 primeras semanas en el eugenésico, y en cualquier momento del embarazo en el caso terapéutico. 

En 2010, se dio un nuevo paso de tuerca, el aborto dejó de ser un delito, despenalizándolo, para convertirse en un derecho. Las cifras de abortos anuales en España han ido creciendo gradualmente, desde 411 en 1986 hasta estabilizarse en unos 100.000 a partir del 2.006 según las estadísticas del Ministerio de sanidad.

Siguiendo esta cultura de la muerte se irán desarrollando leyes de la eugenesia y la eutanasia. Con la misma estrategia, es decir, creando una falsa realidad social basándose en casos extremos. Una vez aprobada la ley cada vez se interpreta más laxamente hasta que su uso es generalizado. Las consecuencias son la multiplicación exponencial de muertes por eutanasia. El gran éxito de esta ingeniería social es haber convencido a una gran mayoría de la sociedad que se trata de una “muerte digna” y que obedece a una “demanda social”. La realidad es bien distinta. Un enfermo terminal cuando está bien cuidado sanitariamente y con amor, no pide la muerte; se puede ser feliz incluso en la enfermedad. 

La Termodinámica nos enseña que los procesos cuasiestáticos, aquellos que se llevan a cabo de tal modo que el sistema está en todo momento muy cerca del estado de equilibrio, son reversibles. Esto nos debe dar motivos de esperanza, en nosotros está la facultad de revertir esta ingeniería social. En democracia tenemos el derecho y el deber de estar informados, reflexionar y actuar en consecuencia.




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