Un país de tribus y consignas

España está absorta ya entre la irresponsabilidad y el ditirambo, entre el crimen y la chanza, entre una ministra que afirma que “como todo el mundo sabe, el agua y la sal no se pueden mezclar” (¿qué pensarán Neptuno, Poseidón… y los boquerones?) y otra que asevera que “si no hubiéramos actuado con prontitud, las cifras del desempleo en nuestro país serían insoportables”.

O sea, que casi 6 millones de personas mano sobre mano, sin posibilidad de trabajar ni perspectiva real ni fiable de que puedan volver a hacerlo en la próxima década, es una cifra perfectamente ‘soportable’, según “la mejor ministra de Trabajo de la Historia” (sic), catalogación que efectúa una tercera en liza.

La tercera en liza, por cierto, es decir, la que cataloga, resulta ser ministra como consecuencia de su relación de pareja y, como alguien ha dicho, simplemente, si el líder-señorito hubiese sido novio de otra, otra habría sido la ministra, lo cual no presenta ni la más mínima duda, de forma que a estas alturas sabemos que Dina Bousselham o Tania Sánchez habrían podido llegar a ministras por el turno de oficio, que es la manera más extravagante de acceder a un Ministerio en una democracia, aunque sea lo normal y corriente en toda tiranía bananera que se precie o en cualquier régimen del comunismo atroz al estilo maoísta o de los Ceaucescu.

Visto de este modo, se diría que lo que contemplamos es un teatro de sombras y monigotes, de no ser porque se trata de una desgobernanza cruel e infame y, sobre todo, de un pueblo que cuando llega la hora de votar antepone un sesgo ideológico a su propio sustento y esto lo hace inexplicable.

Un pueblo que antepone su ideología a las cosas de comer es un pueblo alimentado por la ideología; o sea, que vive de ella y le come en la mano al capataz con la esperanza de obtener su benevolencia.

No se entiende, es imposible, que en Cataluña voten a un candidato como Salvador Illa, que venía de acreditar una gestión ignominiosa e indecente con el resultado de millones de parados y cien mil muertos, además de un vagón completo de negligencias, saqueos y presuntas corruptelas evaluables en cientos de millones de euros.

El Corte Inglés, a lo largo de su historia, ha sido el verdadero espejo en el que se medía el desarrollo económico de España de manera estable desde los años 60, de tal guisa que los visitantes foráneos se admiraban de que contásemos con unos grandes almacenes capaces de mantener esa calidad y ese nivel en toda circunstancia.

Ha tenido que llegar una banda de forajidos para que elcortinglé presente un Erte (que en poco tiempo será un ERE y un concurso de acreedores, no lo duden) de 3.500 trabajadores, lo que supondrá de inmediato, como en una cadena de fichas de dominó, el despido de otros muchos miles más en las empresas secundarias.

Háganme la cuenta, les ruego, con la siguiente lista de nuevos trabajadores en Erte y súmenle los previsibles despidos en las empresas subsidiarias: Banco Santander, 3572; Banco Sabadell, 1.800; BBVA, 3.000; Abengoa, 2.000; Douglas, 750; Airbus, 450; Bosch, 300+300; Acs, 260; Acciona, 556; Alcoa, 520; Imaginarium, 101; Siemens, 266; Ibercaja, 75; Worten, 212; Carrefour Viajes, 257; NH: 700; Heineken, 228; Iberostar, 246; Tony Roma’s, 125; Coca Cola, 360; Pascual, 137…

Más de cien mil pequeñas y medianas empresas han echado el cierre en el brevísimo período de diez meses, que se dice pronto, a lo que cabe añadir que no han sido sustituidas por otras nuevas, porque la tasa de creación de empresas se ha desplomado por completo.

Los altavoces de la propaganda y la propia ministra lo achacan a “la tercera ola de la pandemia”, sin que nadie les recuerde que las consecuencias no son ni parecidas a las de otros países de nuestro entorno que han sufrido las mismas circunstancias.

En términos históricos casi habría que hablar de normalidad, pues cada vez que el socialismo se hizo cargo de los mandos de la nave, dejó el desempleo mucho peor de lo que se lo encontró, exactamente lo contrario de lo que ocurrió con la UCD y con el PP.

Sucedió con Felipe González y también con Zapatero, así que, en alianza con el comunismo y con toda la excrecencia de tribus parlamentarias, la situación con Sánchez era perfectamente previsible y explota en un derrumbe colosal de dimensiones desconocidas.

Si algo estadísticamente tan evidente no le importa a una buena porción de los votantes, la conclusión es que lo de este país no tiene arreglo y acabará en una pelea tribal de consignas y escupitajos.

He dicho.




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