Un marciano horrorizado

Imaginemos a un marciano que contempla nuestras costumbres. (Esto del marciano es un recurso que antes se empleaba mucho: algo simpático, infantil tal vez, por lo disparatado, pero que puede seguir siendo útil…). Un marciano muy similar a nosotros los terrícolas, pero que no necesita comer; se alimenta a través de la piel, como las plantas, o como sea, pero sin comer. Posee un aparato digestivo por si acaso (¡la Naturaleza es tan pródiga!), pero no lo usa, ni siquiera sabe que lo tiene; ignora lo que es eso.

Y este marciano observa nuestros movimientos, con curiosidad y cierta empatía, anotando las similitudes, planteándose tal vez en instalarse en la Tierra. 

Pero entonces un terrícola decide informarle sobre cómo funciona eso de comer. ¿De qué modo lo hace? Pues mandándole unos vídeos explícitos, que el marciano visualiza en una pantalla de gran tamaño.

Y entonces el extraterrestre contempla imágenes explícitas, explícitas, a todo color, grabadas desde una mini cámara situada dentro de una boca, entre salivas y caries, y luego ve fotos de intestinos por dentro y de jugos gástricos, y luego ve imágenes grabadas (ustedes perdonen) desde dentro de un Water Closed… y así le queda explicada la trayectoria completa desde que se ingiere un trocito de pan…

¿Querría el marciano, después de eso, apuntarse al club de los terrícolas, de los que comen y digieren? ¿No saldría más bien corriendo espantado, o se desmayaría de horror?

Y sin embargo nosotros comemos y digerimos tan ricamente, sin repugnancia alguna. Y es que en realidad la idea que se le ha transmitido al marciano (imágenes detalladas, ampliadas, desde puntos de vista que nosotros nunca tenemos) no se corresponde en absoluto con nuestra experiencia de lo que es comer.

¿Y a qué viene esta elucubración…? Pues a que recuerda a un proceso que se da en la vida real, cuando a los niños de Primaria se les explica en los colegios, con la mayor crudeza, los detalles del proceso de la reproducción humana. Cuando esto se hace, como de hecho ocurre,  antes de que se haya despertado en ellos el menor instinto al respecto, pues… pues los daños son incalculables.

En España, estas explicaciones detalladas y clínicas (que se hacen de manera mucho más minuciosa y completa que al hablar del aparato respiratorio o el locomotor) se imparten en Sexto de Primaria, a los once años. La impresión que produce en ellos es similar al ejemplo del marciano viendo imágenes desde un W.C. Hay muchos niños de mente inocente. Pero incluso los que podríamos llamar los “precoces”, los descarados, los “maleados”, incluso éstos… pues incluso los descarados se quedan incómodos en clases de este tipo. Hay algunas risitas forzadas, pero risas sin alegría. Hasta los descarados perciben que no tendrían que recibir esas imágenes y esas informaciones; que aquí pasa algo raro. Hasta los “atrevidos” notan que no “pega” que se les obligue a estudiar eso. No hablemos de los más sensibles. De ahí salen las niñas diciendo: “Pues yo no pienso tener niños”. Con toda lógica.

Y este asunto ya no despierta ni debate porque parece que ha quedado atrás (el debate que hay, si acaso, se refiere a temas “más actuales”). Lo hemos aceptado que es así y ya está.

La obsesión por “no ser antiguo”, por no tener tabúes, por ser claro y transparente, y que no haya ocultismo, es tan feroz, tan feroz, que pasa por encima del sentido común. Todo se hace pensando en que los niños son muy precoces, muy precoces. ¿Seguro? ¿Y los que no lo son? ¿Nadie piensa en ellos?

Una persona puede tener una feliz vida de pareja (como hoy se dice), y con hijos, y no reconocer su vivencia en esas sórdidas, analíticas explicaciones. (Igual que nuestra experiencia de comer no se parece a los vídeos que ve el marciano).

Se habla del daño que produce en los adolescentes la increíble facilidad que ahora tienen para el consumo privado de pornografía, y lo que eso perjudica a la hora de tener luego unas relaciones normales y sanas. Incuestionable. Sí. Pero, ¿no influirá también –y eso nadie parece verlo como malo- esa asignatura llamada de Ciencias Naturales que dan a los once años? 

Allí se anula todo halo de belleza, de romanticismo; ciertas cosas ignotas quedan asociadas a algo visceral y desagradable, y que da incluso miedo…




 

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