Sepan bien vuesas mercedes que aquesto que les relato ha tiempo que acaeció en un lejano y  hermoso Reino de verdes montañas y anchos campos. Un país surcado por caudalosos ríos, bañado por verdes mares y dorado por la cálida luz del sol. Tierras pobladas por buenas gentes de noble corazón y sencillo talante. Durante uncaluroso estío hallábase el Rey junto a su corte en la Ínsula Mayor del archipiélago de oriente. Moraba en su residencia de verano, un palacio nombrado de Mar y Viento. Allí aprestaba su mejor defensa para la que habría de ser importante contienda otoñal. Velaba las armas de su ingenio, su valor y su profunda lealtad a la Patria. Y es queaquella gran Nación que otrora fuere poderoso Imperio sufría un desleal asedio desde su interior por parte de unos pocos sujetos levantiscos de la región del nordeste. Eran disputas intestinas que son doloroso mal que quebranta las familias, troncha las amistades y divide a las vecindades. Desde pretéritos tiempos las querellas entre distintos países siempre fueron cruzadas religiosas. Empero, los pleitos entre hermanos de sangre o de nación, mayormente fueron pugnas pecuniarias. Aquí como no, también fueron los caudales que pretendían conseguir los independentistas los ocultos motivos de la lid.

Mientras tanto un nuevo y apuesto primer ministro de aquel Estado se solazaba junto a su familia en otra suntuosa residencia palaciega situada en la provincia del suroeste. Paraíso terrenal gastronómico bendecido por el blanco fruto del mar y la entreverada penca colorada de oscura pezuña, curada con aires de fandango serrano. Disfrutaba allí de un merecido esparcimiento tras el largo y tortuoso camino que hubo de ascender para alcanzar el privilegiado cargo público que ostentaba. Tuvo su mérito por coronar aquella cumbre con menguados partidarios y sin el refrendo del pueblo, algo inédito hasta entonces. Nadie osare llamarse a entuerto, para lograr tal hazaña se requirieron las cualidades de los más eficaces depredadores, que en extintiva escasez habitaban en aquellas arenas marismeñas: El lince ibérico y el águila imperial. Como el lince tuvo paciencia para aguardar agazapado y capturar a sus dos principales presas: La primera una poderosa hembra alfa con marcado dominio territorial de su hábitat meridional. El segundo un veterano macho curtido en mil batallas dialécticas que perdió su liderazgo nacional por confiarse. Y ya se sabe, la confianza mata al hombre. Al igual que el águila imperial, éste nuevo mandatario volaba majestuosamente desde su privilegiado nido hasta los más recónditos lugares del reino, más siempre gozaba del raudo vuelo del Falcón.  


Desde tiempo inmemorial se reconocía el prestigio de los fieles ejércitos de aquella Patria. Abnegada milicia y verdadera religión de hombres honrados que cabalmente fuere retratada en el año del Señor de 1.605 por el más insigne de sus personajes literarios, Don Quijote de la Mancha, quien profirió estas palabras: “…las leyes no se podrán sustentar sin las armas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de corsarios; y finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra…”

Desde las aguileñas alturas del poder siempre fue frecuente desdeñar las sabias enseñanzas de los inteligentes. En aquel tiempo era harto común que hombres (y mujeres) de leyes dispusieran a su libre albedrío y conveniencia sobre quienes arriesgaban y tantas veces entregaban sus vidas por defender la Patria. De tal modo que una de las primeras disposiciones del nuevo gobernante fue retirar la confianza y destituir al Ilustrísimo Señor Coronel del Benemérito Cuerpo que mandaba la Unidad encargada de la investigación y persecución de las más graves formas de delincuencia y del crimen organizado nacional e internacional. Ello, aun cuando hubiere demostrado con creces su valía destapando iniquidades y esclareciendo crímenes. Cuando un gobierno se rodee de afines y repudie a los más brillantes siempre cabrá preguntarse ¿Quid custodit custodes? Que en lengua romance viene a ser ¿Quién guarda a quienes deben guardar?

Un lince habita en Doñana mientras que Nerva está ardiendo. Olor a tierra quemada, un fuego va consumiendo la unidad de nuestra Patria. Lo digo como lo siento  ¡Viva el Rey! y ¡Viva España!  

Dedicado con todo respeto y admiración a mi Coronel de la Guardia Civil don Manuel Sánchez Corbí