Con motivo de recientes publicaciones en recuerdo del gran humorista Miguel Gila por el centenario de su nacimiento, algunos medios de comunicación han recordado llamativos episodios de su vida. Entre ellos, su supuesto fusilamiento fallido durante la guerra civil por unos soldados borrachos, y su regreso a España tras un forzado exilio político. Pero si la realidad del fusilamiento está muy cuestionada por quienes le conocieron y trataron, lo del exilio es contrastadamente falso y mero fruto de su ingenio creativo.


Durante el franquismo Gila no sólo colaboró tempranamente en medios de la Prensa del Movimiento, sino que siempre estuvo bien considerado y respetado como un gran e inteligente humorista. Incluso llegó a formar parte de los escogidos artistas que actuaban en determinadas celebraciones delante de Franco y de su esposa. Cierto es que se fue a Argentina en 1962, pero lo hizo para eludir la situación generada por su complicada vida sentimental (llegó a incurrir incluso en bigamia), tras la denuncia de su mujer por haberla abandonado junto con una hija común.

Se comprende que construyese un relato más «poético» echando mano de un exilio que nunca existió.