Último curso, amigos. Os echa del cole la ministra Celaá

Una servidora nació con parálisis cerebral y un 98% de discapacidad. Y me siento orgullosa por haber estudiado en el Colegio sevillano de Educación Especial “Mercedes Sanroma”, con extraordinarios profesionales con vocación y humanidad, capaces de apreciar la bondad y la belleza de su alumnado para sacar de cada uno su mejor versión como persona. 

En su atrevida ignorancia, propia de alguien que jamás ha empujado una silla de ruedas, la Ministra Celaá se empeña en ir vaciando progresivamente tan dignísimos colegios como el que yo llevaré siempre en mi corazón, para trasladar a sus chavales a colegios ordinarios. 

Todo ello al amparo de un buenismo absurdo, pretendiendo hacernos comulgar con la rueda de molino de que todos debemos ser radicalmente iguales, sin matices ni flecos. Y rindiendo pleitesía a esa igualdad talibán se desprecia a los mejores maestros de enseñanza y vida, los profesores de educación especial, y se margina a los alumnos con discapacidad severa, que por razones evidentes jamás se incorporarán al ritmo escolar ordinario. 

No puedo valerme de brazos ni piernas, me desplazo en silla de ruedas y requiero de la asistencia de una persona para actos elementales como vestirme, comer…

Desde muy pequeñita advertí que mi colegio era especial. A mucha honra, porque también era mi casa, donde mis maestros nos enseñaron no solo matemáticas e historia, sino, sobre todo, a valernos por nosotros mismos, en el marco de nuestros insoslayables condicionamientos. 

¿Alguien con dos dedos de frente puede realmente afirmar que cualquier colegio ordinario puede suplir, en calidad y en atención personalizada, a sus usuarios con gran discapacidad con el mismo rigor que el colegio del que fui alumna? 

Bien, aceptemos pulpo y partamos del integrismo de la trasnochada igualdad sin excepciones. Entonces, por una elemental coherencia, deberá dotarse, a todos y cada uno de los colegios ordinarios, de: 

– Un profesor de educación especial y un educador en cada aula escolar.

– Psicólogos, pedagogos, logopedas y fisioterapeutas, en número acorde a la ratio de niños matriculados.

– Cada gimnasio dispondrá de colchonetas, cinchas y elementos deportivos imprescindibles para la concreta terapia que precise cada uno de los niños con discapacidad, así como con una piscina (tamaño jacuzzi) para las acuaterapias de relajación, y de un personal profesional adecuado para duchar y vestir al alumno tras estas prácticas deportivas, sin demorarse para la entrada a tiempo de este en la siguiente clase.

– Un médico en cada colegio.

– Realizar todo tipo de obras de accesibilidad en cada uno de los colegios, eliminando escaleras, adaptando los cuartos de baño y contando con elementos accesibles de juego de los escolares.

– Adaptar cada uno de los pupitres. 

– Formar a cada profesor en la lengua de signos.

– Tener adaptados los materiales del profesorado y los libros en sistema Braille para alumnos con discapacidad visual.

– Los comedores escolares deben hallarse dotados de personal cualificado para dar de comer a los niños con discapacidad. Además, en el caso de que la alimentación de estos menores así lo requiera, la comida debe hallarse previamente triturada o licuada; los materiales usuales del comedor, como vasos y cubiertos, han de hallarse en correspondencia con la normativa de accesibilidad, debiendo contarse siempre con cañitas para niños que las necesiten para beber. La alimentación de ciertos niños por sonda gástrica precisará de una presencia permanente de titulares de enfermería en la franja horaria de la comida, en un número ajustado a la proporción de niños con necesidades asistenciales en su almuerzo. 

– Los autobuses de transporte escolar deben estar adaptados, con rampas, anclajes y lugares amplios en su interior para estacionamiento de sillas eléctricas, además de llevar cada uno de ellos el personal asistencial adecuado.

– Etcétera, etcétera, etcétera… además del elevado umbral de las previsiones de seguridad para personas con discapacidad en los supuestos de pandemia. 

Es decir, la carta a los Reyes Magos, señora Ministra. 

Suscrita también por sus compadres del CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad), cuya Junta Directiva conoce perfectamente el buen hacer y la necesidad de fomentar los colegios especiales y las plazas de profesorado en ellos, pero que guardan un silencio cómplice de claustro de convento antes que plantar cara a la desfachatez y a la desvergüenza de una ministra, supuestamente de educación, esclava de un dogmatismo igualitario sin principios éticos y sin alma, no vaya a ser que pierdan la golosa subvención anual si le llevan la contraria

La inclusión social se sustenta en la ineludible participación de todos en el progreso de la comunidad, sin condenar a las personas con gran discapacidad a quedar al margen por no facilitarles las herramientas educativas que requiere el desarrollo de su personalidad y su propia dignidad como seres humanos.




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