UGTT: El mangoneo de siempre disfrazado de perspectiva de género

 

Suena a nueva empresa de trabajo temporal, pero la cosa no va de la lucha sindical contra las alarmantes colas del paro, sino de las colas alarmantes de la Palinurus elephas o langosta del Cantábrico, que como saben es de exquisita, tersa y fina piel como las manos de un líder sindical pelando gambas a costa del presupuesto.

Resulta que la bussines class de la UGT acordó anteayer en Madrid rebautizar el chiringuito añadiendo entre sus siglas la coletilla de «trabajadoras». A partir del próximo cónclave que se celebrará en mayo en Valencia, la banda pasará a denominarse, previa votación, Unión General de Trabadores y Trabajadoras (UGTT). Lo dijo el del fular del paripé, Pepe Álvarez: «El sindicato quiere tomar ese apellido feminista porque debemos ser fieles defensores de la igualdad y eso debe reflejarse en nuestras actividades». 

Algo del calado de un bogavante o un langostino de Sanlúcar de Barrameda ha de estar pasando en la banda izquierda para que estos vividores instalados en la «modernidad líquida» del Marqués de Arienzo Gran Reserva, vean peligrar su Castillo de San Diego, «mu fresquito y tráete una asitunita mientra vemo la carta».

Según los Presupuestos Generales del Estado (PGE) aprobados en diciembre del año pasado, el Ministerio de Igualdad es el que más crece después de Trabajo, con una partida de 451 millones, lo que da idea del tamaño del bocado gourmet que se iba a perder. O los «bichos» de mercado, que diría el sindicalista de pescuezo. 

Para empezar, obsérvese que el «apellido feminista» que «quiere tomar» el nuevo sindicato UGTT va asociado en idéntico género gramatical a «manteca», «morterá», «pastora» o «pasta», lo mismo que «pala» o «espiocha», pero estos últimos no llevan «t», no suenan muy feminista y tampoco parece que haya nadie en el sindicato que los «quiera tomar».

Aclarada la nueva relación inherente entre sindicalismo, feminismo y trinque (T), queda despejar la inusitada fiebre por «ser fieles defensores de la igualdad» que, como dicen, deben reflejarse en «nuestras actividades». 

Qué actividades. ¿Las relacionadas con la sentencia dictada por el Tribunal Supremo el pasado 21 de diciembre que les condena a devolver a la Junta de Andalucía 136.000 euros de una subvención destinada a la Formación Profesional? ¿O las relacionadas con la causa abierta a UGT-Andalucía por el supuesto fraude de 40 millones de euros recibidos en subvenciones que destinaron a lo que todo el mundo sabe? Y no seguimos porque sería interminable.

A esta centenaria banda organizada para delinquir le importa un pito el feminismo o la igualdad, que por otra parte no es más que un negocio del que vive mucha gente sin doblarla, algo de lo que ellos son verdaderos especialistas desde 1888. Estos tipos no entiende otro lenguaje que el trinque, por eso, ante la amenaza de perder sus privilegios, es ahora cuando deciden «tomar la bandera» del colorín, pero no para defender a nada y a nadie, sino para seguir pegando el «mangaso» adaptado a los nuevos tiempos. Tiempos nuevos para el sindicalismo del mangoneo de siempre, pero ahora disfrazado de perspectiva de género. Que siga la fiesta.




 

 

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1 Comment

  1. Luis Fernando del Río Tovar dice:

    Diario independiente, dice…

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