Úbeda y Baeza (II)

Úbeda y Baeza (I)

Recuerdo pocas ciudades que hayan despertado en mí tanta admiración por la excelente conservación de sus calles y edificios como Baeza. La sensación, desde que comenzamos la visita, fue la de estar en un escenario natural de cine; no en balde, se rodaron en ella películas que todos recordamos, como la serie “Santa Teresa de Jesús” (1984) de RTVE, interpretada por Concha Velasco, “Capitán Alatriste” (2006) y “La conjura de El Escorial” (2008).

Denominada “Nido Real de Gavilanes” por el romancero, fue un punto clave en la conquista de al-Ándalus por los reyes cristianos, pasando definitivamente al reino de Castilla en 1227. Atalaya sobre el Guadalquivir, la posesión de su alcázar (considerado como inexpugnable) aseguró la retaguardia castellana, a la vez que supuso una amenaza constante para los reinos islámicos situados al oeste y al sur de dicho río.

En Baeza pueden contemplarse restos de la Edad del Bronce, de la Época Romana, y de la Hispania visigoda, islámica y cristiana. No obstante, el más rico patrimonio monumental conservado corresponde a los diversos estilos artísticos presentes desde el tardo-románico y el gótico, al renacentista, manierista, barroco y neoclásico, con 550 casas señoriales catalogadas.

Nuestra visita comenzó en la Plaza de los Leones, también llamada del Pópulo, cantada por Federico García Lorca “…En una plaza serena, que tiene un palacito elegante pero mutilado y deshecho, un altar gracioso con flores de trapo junto a la seriedad aristocrática de un arco triunfal con aire guerrero, y una fuente con leones desdibujados en la piedra (…) con el Arco de Villalar, la Puerta de Jaén y la Fuente de los Leones, donde no falta grabado en piedra el escudo de San Andrés, patrón de esta agrociudad.

Gran sorpresa nos causó el saber que uno de los edificios más emblemáticos del lugar, el de las Antiguas Carnicerías (1547), fue cambiado de ubicación piedra a piedra desde su anterior emplazamiento en 1962 y hubo que “doblar” sus laterales, pues era más amplio en fachada que el espacio al que debía acogerse.

De ahí pasamos al Palacio de Jabalquinto, sede actual de la Universidad Internacional de Andalucía con sorprendentes motivos eróticos en la portada, muy propios del Renacimiento. La universidad más antigua de España es la de Palencia, pero hay que recordar que en el siglo XVI había cuatro universidades en Andalucía: Sevilla, Granada, Baeza y Osuna. Hermanada con la Universidad de Salamanca (“Lo que no da la Naturaleza, ni Salamanca ni Baeza”) tuvo a San Juan de Ávila como rector. Merece la pena sentarse en el paraninfo y contemplar la magnífica sala.

Muy cerca de allí, tuvimos ocasión de visitar la iglesia románica de Santa Cruz, que como la mayoría de las parroquias de la ciudad es sede de una hermandad de nazarenos. Estamos en la población con más cofradías de Jaén: 22 cofradías de penitencia para algo menos de 16.000 habitantes, sin contar con las hermandades de gloria.

Juanma, nuestro buen guía, nos comentó, con una mijita de guasa, que algo tan propio de toda España como la rivalidad entre ciudades, no podía faltar entre los ubetenses, que aquí llaman bacines (el bacín es un antiguo orinal alto y cilíndrico), y los baezanos, apodados en Úbeda como bambollas (se dice de quienes tienen más apariencia que realidad).

Baeza dejó de ser capital de provincia, pero conservó su catedral como iglesia mayor y un tercio de los canónigos de la catedral de Jaén. Son dignos de contemplar los documentos conservados en ella, mejor en papiros (por ser materia vegetal) que en pergaminos (materia animal).

A Baeza llegó Antonio Machado como profesor de francés para dar clase en la ciudad en octubre de 1912, tras haberle sido concedido el traslado desde el instituto de Soria, pues allí, el recuerdo de Leonor se le había hecho insoportable, y el autor sevillano tuvo que marcharse. Durante siete años, hasta 1919, el poeta enseñó gramática francesa en el Instituto de Bachillerato instalado en la antigua universidad baezana, pero su abatimiento le hizo contemplar esta urbe con una mirada triste: “…un pueblo húmedo y frío, / destartalado y sombrío, / entre andaluz y manchego” (Poema de un día. Meditaciones rurales. 1914).

 

Resultó emocionante sentarme en uno de los pupitres del aula donde impartió clases, con sus orificios para el tintero y su reposa lápices, que me hicieron recordar mi niñez en el colegio Felipe Benito de la Salle en Sevilla; el ambiente recrea a la perfección la enseñanza de otros tiempos, y resulta sorprendente lo prístino del entorno.

Al caer la tarde ya tocaba emprender el camino de regreso a casa, no sin antes adquirir unas botellas de aceite, unos tarros de aceituna y una caja de virolos (dulces de hojaldre con forma de libro abierto) que prolongaran en nuestro paladar el deleite gozado por la vista y el oído. Algo me dice que volveré a Úbeda y a Baeza, esta vez con mayor conocimiento de lo que me iré a encontrar.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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3 Comments

  1. Maria Soledad Lagüéns dice:

    Fantástica narrativa y descriptiva de ambas ciudades , dan ganas de ir ya !
    Un saludo

  2. Charo dice:

    Que interesante!!!! Fantásticos destinos!!!

  3. José Antonio Molino dice:

    Agradable para mí leer tu descripción de vuestra visita de dos ciudades que también he visitado, ya que en Baeza, estudiaba mi heredero en cierta Academia que no has mencionado.
    El caso es que tampoco desaproveché la ocasión y visité ambas localidades, aunque ya hace años, me llevé la impresión de estar sumergido en la historia, de que son lugares que nos recuerdan una grandeza de una zona de España poco recordada y poco reconocida, la provincia de Jaén, donde nació la autora de mis días y que por tanto, me gusta especialmente recordar.
    Poco más que añadir a tu detallada descripción. Si no fuera por las farolas y los coches hay veces que te parece estar en otra época.
    Comparto contigo la extraña sensación que experimenté al sentarme en el aula en el que dio clases Antonio Machado. Entorno prístino bien dices, que me transportó a otro sencillo colegio en que aprendí mis primeras letras y que no se diferenciaba mucho del Instituto baezano

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