De todos es sabido quien dicta  las normas (de obligado cumplimiento, tal cual si fueran de carácter legal) de la actual y omnipresente corrección política, y que no es otra que la izquierda, la cual, en cualquier sitio del orbe y no se sabe por que ignotas razones, se considera dotada de una superioridad moral sobre cualquier otra facción política que no sea ella misma en su mismidad.

El incumplimiento de cualquiera de estas normas produce la inmediata consecuencia para el, digamos, “infractor”, de ser calificado con la peor definición o descripción que se puede otorgar hoy en día desde la perspectiva de esa  inventada moral dominante en lo que hace a la dictadura de los comportamientos y las opiniones, es decir: eres un FACHA, lo cual prácticamente te priva de derechos civiles, del derecho, por ejemplo a opinar, y, en general, te desahucia como persona humana, pasando a ser considerado un mero desecho susceptible de ser excluido de la sociedad en particular y la vida en general.


Y esto, que puede parecer una exageración, no es más que la realidad con la que nos enfrentamos a diario y, en particular, los que nos permitimos, humildemente, opinar sobre los temas que consideramos importantes, y lo hacemos desde posturas no afines a esa dictadura social y mediática cuyo veneno la izquierda ha inoculado en esta sociedad del siglo XXI.

Es especialmente grave la circunstancia de que que no es ajena ni se escapa a esta dictadura, haciendo seguidismo de la misma, la mayor parte de la denominada derecha y centroderecha política, acomplejada y que pasa por el aro casi sin excepción por ese tipo de clichés establecidos, muchas veces coadyuvando a su implantación y otras tantas adoptando una actitud, en expresión gramaticalmente horrenda pero hoy muy de moda, “equidistante”, ante la estigmatización de determinadas personas, actitudes, pensamientos e ideas políticas por el mero hecho de ser mal vistas por la izquierda. Y así, no puede hablarse, por ejemplo, de controlar y limitar la inmigración, o de impedir totalmente la ilegal controlando nuestras fronteras, pues enseguida te tacharan de xenófobo, racista y FACHA.

En el afán de confundirse con el paisaje y que no la califiquen como carca, retrograda o, lo peor de lo peor, FACHA, esa derecha hace dejación total de realizar cualquier intento de explicar sus opiniones  al respecto con lo que, al final, no existe más que una opinión socialmente aceptada en cuanto a lo que sea. Pasa en esto y en otros muchos asuntos, todos lo sabemos. .

Tenemos múltiples y variados ejemplos en todos los ámbitos de esto de lo que hablo, pero me ceñiré a uno de los últimos: el cierre por una semana de la cuenta de Twiter  del periodista y opinador político Hermann Tersch.

Al citado periodista hace ya tiempo que se le persigue e incluso se le ha amenazado, por parte de esa izquierda, en razón a sus opiniones, habitualmente discordantes con la dictadura de la corrección política, desembocando este fin de semana dicha persecución en que una red social como Twitter, donde se vierten cada segundo todo tipo de opiniones y comentarios, en muchos casos hirientes, humillantes, insultantes e incluso, a menudo, susceptibles de ser calificadas como delito. Recordemos el caso de ciertos raperos o los de Concejales del Ayuntamiento de Madrid u otros muchos. Bromas de mal gusto sobre victimas del terrorismo, amenazas de muerte, insultos irreproducibles…..todo ello se permitió, y se sigue permitiendo, por esa red social según de qué lado del espectro político provenga. Si es de la izquierda, extrema o no tanto, o de cualquiera de los múltiples separatismo que nos aquejan, todo está bien. Si es de la derecha, o de posiciones simplemente discordantes con la omnipresente corrección política, hay que mirar con lupa, cogérsela con papel de fumar, valga la expresión, y, como en este caso, castigar, o sea callar, al “delincuente” que osa enfrentarse a la misma.

En este caso, parece que el nefando pecado del periodista fue realizar un comentario sobre la actual Ministra de Justicia, la cual fue grabada, como todo el mundo sabe, bañándose en la inmunda cloaca judicial y policial junto con varios miembros selectos de la misma, lo que la hace, por lo visto, merecedora de todo tipo de miramientos, o eso opina Twitter.

En mi último artículo aquí, que quizá alguien, por equivocación, haya leído, que yo titulaba “La cloaca, el Estado y la Revolución”. Hablaba de esa estrategia, perfectamente diseñada por la izquierda populista apoyada por el infame PSOE reconvertido en un pseudopodenos, y en unión de los separatistas, para desacreditar las instituciones y dar paso a esa Revolución comunista en la que sólo los que manden, o sea ellos, tendrán el patrimonio de la verdad, que será dictada por ellos y los demás no seremos más que delincuentes perseguibles y perseguidos, pues estará prohibido divulgar ideas ajenas a la verdad oficial.. Esta planificada estrategia ya ha comenzado y esto de Twitter no es sino una muestra más.

O la sociedad en su conjunto reacciona ante este estado de cosas o en no mucho tiempo la novela 1984 de Orwell será un cuento de niños al lado de la realidad que nos espera. Y no es hacer catastrofismo, abran los periódicos, vean las televisiones, oigan las noticias: ese futuro está ya aquí.