Turrón del bueno sin límite

Es de dominio público que todo en la vida tiene un límite (incluso la vida), menos la estupidez humana… y tal vez la torpeza, incompetencia y capacidad de mentir de este Gobierno de inútiles y demagogos.

También cabría añadir que parece no tener límite la capacidad de algunos españoles para persistir en el voto a la izquierda más atrabiliaria, embustera, asilvestrada, demagógica, montaraz, rencorosa y matacuras de Occidente, aunque éstos, quizá, entran en los del primer grupo.

Hace falta poseer una habilidad muy especial, ser un torpe, un gafe o todo junto al mismo tiempo para aprobar un Real Decreto (otro, y así batimos todos los records de uso y abuso de esa figura desde Napoleón) que pretende compensar con mil pavos a los que hacían la mili en el desierto de Ifni y el Sáhara hace 64 años justo cuando recibes en tu país, de tapadillo y mediante engaño, al enemigo público número uno de tu vecino.

Lo de Marruecos es a todas luces una ignominia y una afrenta a los usos normales y civilizados de la diplomacia, pero no cabe la sorpresa a estas alturas en una izquierda que cuando se produjo la ocupación del islote Peregil quiso ridiculizar el eficaz mensaje de la política española con Aznar al recuperar la posición en apenas unas horas con el respaldo de los EE.UU.

Peregil se encuentra a medio camino entre los 20 kms que separan el megapuerto de Tánger-Med y Ceuta, la ciudad ahora asaltada, justo en la zona donde el Reino alauita ha creado con la ayuda y financiación de China en los últimos seis años una moderna ciudad industrial/residencial que promete convertirse en uno de los mayores polos industriales avanzados del sur de Europa, más que del norte de África, que arrastrará buena parte del comercio y de la creación de puestos de trabajo con la participación de muchas de las grandes marcas europeas y asiáticas.

Al PSOE de Sánchez le crecen los enanos hasta alcanzar la categoría de pivots de la NBA, lo cual se debe a la incompetencia de un Consejo de Ministros inexperto, ignaro y lleno de niñatos (y niñatas) que viven en sus obsesiones preadolescentes y desconocen casi todo de la política real, además de guardar la empatía, como les pasa a los psicópatas, a los esquizoides y a los impúberes, para cosas alejadas y como surrealistas, pero ninguna para lo lógico, cercano y prioritario.

Un niño de 3 años, por ejemplo, puede demostrar afectos desproporcionados por un peluche mientras arde la casa familiar con la abuela y el resto de su familia dentro, o se empeña en conservar su bicicleta mientras el mundo se derrumba y un tsunami de desgracias arruina todo el escenario de su alrededor. Así son ellos.

Un gobierno al que Iván Redondo le exige moverse en el terreno de las emociones y no de la racionalidad era previsible que se enfangue en cada charco y no gestione los intereses nacionales objetivables, sino la pura demagogia populista que nos ha conducido a unos niveles de deuda insospechados, que en términos absolutos superan los 1,4 billones de euros, un 125% de nuestro PIB, lo que viene a ser una cifra inmanejable incluso para más de un siglo. No en vano no se tenía noticia de una proporción similar desde el año 1881…, turrón del bueno.

La morería asalta nuestra soberanía nacional e invade nuestro territorio por las bravas en represalia por nuestra imprudencia y desconocimiento mientras en el Congreso de los Diputados un tal Rufián cuenta chistes sobre palomitas que embarazan y serpientes que hablan o Errejón se desgañita en favor de los presuntos derechos de los transexuales, que serían no sólo derogados sino aplastados en caso de que el islamismo radical se cuele en el Parlamento…, lo cual está cada día más cerca.

Viven en su fantasía obcecada de la pequeñez de sus manías y en la palabrería hueca de renombrar las cosas, sin que nadie en el Gobierno muestre la altura de miras suficiente y la solidaridad mínima necesaria para hacerse cargo de la situación.

Se atascan en un dilema con la extravagancia de salvar un lince o una hormiga cuando la tarea es construir un puente que salve a un país entero de su aniquilación. En el puesto de mando de esta tormenta, una catástrofe colosal, un hundimiento sin paliativos provocado por tanta ineficacia y tanto fraude, sólo hay un ególatra y narcisista que repite que la recuperación está a la vista, siempre dentro de seis meses, y nunca llega, al mismo tiempo que se descojona de la risa y oculta como un secreto de Estado a cuántos amigotes se llevó de vacaciones a Lanzarote y a Doñana a costa de las arcas del Estado.

El pueblo español parece invadido por una epidemia que le paraliza el sistema nervioso y no desea creer que la democracia ha terminado atrapada en el cepo de una incompetencia descomunal desoladora, pero quedan 3 años de este gobierno de necios y miserables. Todo tiene un límite.

He dicho.




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