Tribuna Libre. Konectraz

Por Antonio del Río Lozano.

Hay empleos en los que, como su palabra se tumba,  los humanos se emplean a moneda de cambio para obtener bienes y servicios, horcas hipotecarias y mantener a sus proles entre otras cosas menos desagradables. Uno de ésos múltiples empleos es otra forma de esclavitud diferente a otras, pero que puede acabar con tus huesos en el averno, el ostracismo más absoluto o ésas memorias del subsuelo como lo denominaba Dostoievski. Él pasó años por su adicción al juego y pagar sus deudas en trabajos forzados en Siberia. Yo, no voy a Siberia, voy a un lugar donde la respiración falla y la boca es un cultivo seco; las manos tiemblan, y el corazón corre a más velocidad que el caballo ganador.

Hablo de las pistoleras subcontratas de los Call Centers, donde quedas invalidado por atender a clientes estafados cuyas voces en el desierto tienes que escuchar como un principito a sueldo de oasis falsos y engañosos…

Da igual si el estafado llora porque no puede pagar comisiones de devoluciones bancarias o, lo peor, “olvidaron” a estampa de fuego y mentira su descuento y precio grabado. Tienes siete minutos y medio para ayudarle, si pasas ése umbral-valla, comienza la batalla voz a voz, cuerpo a cuerpo, o cuelgas o la llamada la mandas a un limbo etéreo que nunca ascenderá a la solución:  el de la desesperación. Cada llamada es tratada como una galleta de fabricación en serie, y así comienza la lobotomía autómata durante ocho horas diarias, con break de patio, de dos horas, para que éstos centros penitenciarios durante ocho, nueve y hasta diez días seguidos anulen tu sistema límbico, tu reflexión y tu impotencia que suma y suma pólvora de humillación.  No vale pensar en cómo le han facturado su bolsillo,  asumes la negatividad del abyecto estafado que te lleva a la sinapsis más peligrosa: el turbio camino de la ansiedad y su siguiente amiga; la depresión. Nada de alienación, quieres la libertad con o sin fianza.

Hay decenas de cárceles con sus funcionarios de prisiones que vociferan como manifestantes de una causa perdida. La mía es Konecta, otras tienen otras pieles de lobo multinacional  con nomenclaturas diversas. Banca prestamista y usurera,  aseguradoras con pluviómetro, empresas de telecomunicaciones, empresas de mensajería, y lo más indignante, tu impuesto del 901 y 902, las subcontratación de las Administraciones Públicas, sí, la que pagas como existente consumidor, votante y ciudadano. Si no atajas la lobotomía de ésta forma de atroz telecomunicación sin tiempo de solución y gestión al estafado, acaban con tu ética y desmoralizan lo que un día concebiste, fuera de éstas cárceles, como la realidad.

Soy una víctima más, y mi abogado no la cagó. Necesitas un empleo, y acabas en una consulta de psicología barata. O  incluso subes  al escalón más alto, la pérdida de la autoestima: el camino a la negación.




 

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2 Comments

  1. Pepe dice:

    EMPLEADO DE KONECTA: ES LA PURA REALIDAD DE ESTA empresa.

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