Toñi Moreno y los años de nuestras vidas

Es maestra en naturalidad. No sabes muy bien si ella hace televisión o es la televisión la que hace ya de Toñi Moreno. En la noche del lunes despidió la primera temporada del espacio “Un año de tu vida”, éxito indiscutible de Canal Sur TV.

Toñi Moreno ha hecho posible el último éxito de la nostalgia en televisión. Los antecedentes habían puesto el listón muy alto, sin ir más lejos el “Qué tiempo tan feliz” de la Campos en Tele 5. Hacer programas dedicados al recuerdo lleva ya un largo tiempo de moda (lleva ya años si pensamos en “¿Qué pasó con?” o la mismísima serie “Cuéntame cómo pasó”). No dejamos de mirar atrás, quizás porque atravesemos por una época de escaso talento artístico en general, con cantantes clonados que se parecen los unos a los otros, habiéndose erradicado en su mayoría aquel preciado bien que se llamó el estilo propio, la personalidad, cuando ser original era una exigencia indispensable para grabar discos, cuando las voces tuvieron marca de sonido inconfundible. Beatles, Sinatra, Raphael, Tom Jones, Mina, Milva, Modugno… y un largo etcétera de ejemplos de lo identificable. Ni ahora hay artistas de la talla gigante de los de antes, ni tampoco el público entiende como entendía. Sin embargo, Toñi Moreno se ha convertido en una especie de reeducadora televisiva que señala el norte de lo prodigioso.

Un año de tu vida” empezó hace meses en Jesucristo Superstar de Camilo Sesto y ha terminado, por ahora, en la canción del verano. No siendo un programa exclusivamente musical, ha encontrado en la música la mejor forma de argumentar que nuestras vidas siempre tienen banda sonora.

Pero la mayor razón de la gran audiencia de “Un año de tu vida” está en Toñi Moreno. Su fórmula no es nueva. La fórmula es ella. Ahí reside el atractivo. Lo que más gusta es que esa vida de todos esté en sus manos, que la cuente ella, que su personalidad desbordante se haga con la memoria colectiva, que lleve el control del mando a distancia con el que abre, compartido con sus invitados, la puerta de las épocas más doradas: Los Panchos, Rocío Dúrcal, Ángela Carrasco, Bertín Osborne, Emilio José, Agustín Bravo, Pedro Rollán, María Teresa Campos, el festival de Benidorm, Los Chichos…

El público ha legitimado a Toñi Moreno en el uso de la melancolía, le permite abrir los cajones secretos de aquellas pequeñas cosas que cantó Serrat. Maneja las distancias cortas llena de ternura, sus ojos son capaces de guiar a sus protagonistas por los caminos más íntimos de cada biografía. La privacidad discurre confiada a Toñi Moreno, porque la presentadora sabe acogerla con un inmenso respeto. Ella misma juega limpio con los personajes, es recíproca tocando corazones, porque ante las cámaras y sin disimulos, las primeras lágrimas que entrega son las suyas.

Está rodeada de buenos colaboradores, pero es de Toñi Moreno la auténtica habilidad para hacer fluir el tempo televisivo, que maneja con destreza, es asombrosamente elástica y flexible, posee la rapidez del salto de una rana, no la atrapa el tedio y de escabulle de atascos. Ha roto para “Un año de tu vida” la opinión pública general de que no hay nada que se pueda ver en la tele. Si tuviera que ponerle algún reparo, no comparto ciertos y puntuales deslices que ha dedicado al franquismo más estándar y políticamente correcto, pero carente de rigor histórico. En España hubo vida antes del 20 de noviembre de 1975. Y vida feliz. Los Chichos,en su entrevista, se marcaron como una hazaña extraordinaria haber cantado lo de “libre, libre quiero ser”.Afirmaron que pronunciar la palabra libre era muy arriesgado con Franco. No se acordaron de Nino Bravo, aquel de “dicen que la alambrada sólo es un trozo de metal”. Por lo demás, bien por Toñi Moreno, la televisión que se puede ver.



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