El fin muy cerca está. Y no creo que sepa afrontarlo serenamente una mujer como Susana Díaz, tan ajena a la elegancia del buen perder, tan enrocada en la soberbia de su autocomplacencia. Tiene una venda en los ojos que no la deja verse ni en los espejos. Se ignora a sí misma. Aunque después de un caso como el de Rajoy, cualquiera sabe si la política no será la arrogancia de ignorarse uno mismo.

El encargo electoral del cambio se ha impuesto entre diferencias y semejanzas del PP, Ciudadanos y Vox. Hay un objetivo común, acabar con el PSOE en Andalucía, y se va a llevar a cabo. Eso está ya más claro que un Domingo de Ramos cae en domingo, o que el caballo blanco de Santiago es blanco.


Pero en la larga travesía de los acuerdos, cada uno de esos partidos se ha dejado pistas inolvidables, detalles a tener en cuenta para las próximas urnas. Ciudadanos sobre todo: que va de extrema democracia por la vida sin juntarse con lo que llama la extrema derecha. Porque como Juan Marín se declara un hombre normal y corriente que estaba en su casa antes de Ciudadanos, cuando la realidad es que lleva en la calle desde 1983 con la Alianza Popular de Fraga, está cometiendo el grave error de ignorar también el mayor nutriente de votos de su formación: los millones de fugados del PP tras la estafa electoral de Rajoy. ¡Cuidado, Marín! Que se sabe todo, que en un debate televisivo ya le han enseñado fotos que usted no se esperaba del baúl de los recuerdos. Y que lo que pasa una vez por la aduana de unas elecciones, quizás ya no pase en las siguientes. Va usted como la chica aquella casi decente de la película. No sea arrogante, porque Ciudadanos no pertenece más que al Partido Popular troceado, a decir de Aznar.

Que empiece el triunvirato. Como Quintero, León y Quiroga, cada uno a lo suyo en esta copla llamada Andalucía. Recuerde aquella, señor Marín: “Me lo dijeron mil veces, más yo nunca quise poner atención…”.