Todos a la cárcel, menos Hasel

Si les digo la verdad, a nadie le importa tres puñetas lo que diga ese tal Hasel, un pobre diablo al uso en nuestro tiempo, un ‘cayetano’ de Lérida, de los Rivadulla Duró de toda la vida, cuyo escudo heráldico es una torre de piedra en lo alto de la cual aparece un hombre armado con un hacha, como una predicción o como un presagio.

Escuchar a Hasel desgranar su altisonante rabia así como trotskista es lisérgico y despampanante, como oír a un borracho dando tumbos o a un majara del quince lanzando en la vía pública exabruptos y ‘cagüendios’ al viento. Nada grave.

Muchos filósofos y tratadistas han especulado sobre el valor, el significado o la legitimidad del ejercicio de la violencia del o contra el Estado sin que ello implique una pena de cárcel cuando los límites entre la reflexión y la acción se difuminan o cuando se señala a unos hipotéticos causantes de la misma.

La cuestión no es lo que piensa o dice este pamplinas, sino la permanente colocación de dianas y objetivos que realiza para llamar a la acción en nombre de la aberrante ideología que profesa. La cuestión no es si meas en la calle, cuestión menor que conlleva una pequeña sanción administrativa, sino si te dedicas a hacerlo cada día en los viandantes y los persigues con la chorra fuera y encima pretendes explicarlo para que te comprendan porque lo haces por el bien del aludido o por el bien de todos.

Tiene mucho de qué quejarse este muchacho, empezando por denunciar a Carrillo y a La Pasionaria (ya lo hace con Podemos, Iglesias o Monedero, a los que considera sediciosos de la ortodoxia), quienes desde la URSS traicionaron y señalaron a sus compinches en el maquis leridano para que las fuerzas del orden del franquismo los capturaran o los abatieran y al frente de cuyo pelotón, ¡vaya por Dios!, se encontraba el teniente Andrés Rivadulla, abuelo del rapero.

O sea, que sí, que lleva razón el tipo cuando apunta que el poder, más si absoluto, como es el caso de todo esquema comunista al que aspiran estos aprendices bolivarianos, contiene el virus corrupto de la arbitrariedad en su interior y alberga la podredumbre indeseable de toda organización humana, incluidas las empresas de su padre, el que le permitió una vida de burguesito y niño bien en la Seo y que desfalcó a un club de fútbol y lo dejó en la ruina tal vez como una manera de rebelión contra lo establecido.

A la Ibarruri le importaban un comino los análisis de la disidencia y del trotskismo desde su dacha en Ufa mientras liquidaba a sus amantes y exterminaba a sus correligionarios que peleaban en el monte o enviaba a los gulag a sus compatriotas exiliados, así que bajo una forma de organización como la que preconiza Pablo Hasel, no ingresaría en la cárcel sino que a esta hora estaría fusilado.

Lo que se dilucida en realidad detrás de la pantalla de este muchacho, atrapado en su papel de conejillo experimental del podemismo sin saberlo, es si no ha llegado la hora de exigirle a esa hornada de mamarrachos que se sientan en los Parlamentos bajo las siglas de Bildu, la CUP, ERC, Podemos y otras excrecencias, el juramento necesario y riguroso antes de tomar posesión de sus escaños y sus soldadas, de forma tal que el incumplimiento de las leyes permita privarlos de sus asientos bien remunerados a nuestra costa y excluirlos necesariamente de la democracia.

No es Hasel quien debiera estar en la cárcel, tal vez sí en la consulta de un psiquiatra, sino los líderes de Podemos, que ocupan el Gobierno por gracia y necesidad personal de Pedro Sánchez (otro que tal baila) y ejercen el poder como si estuvieran en la lucha armada de la oposición en un teatro infame de ira y fuego que pagamos de nuestros bolsillos varias veces.

Les pagamos sus campañas, el sostenimiento de sus partidos y sus salarios; les pagamos la penuria a la que nos conducen con sus ocurrencias y caprichos; y ahora, encima, también pagamos los destrozos de sus mesnadas fasciocomunistas, a las que alientan y convocan con la excusa de un tipo que en el régimen con el que sueña Pablo Iglesias, Marqués de los Petardos, se pudriría en un campo de concentración el resto de su vida…, lo cual también nos cuesta un pico y es otra manera de pagarlo.

Lo grandioso de esto es que pretendan hacer un mártir a contrapelo, cuando la bisoñez de Hasel alcanza apenas para la extravagancia de un “Sálvame de Luxe” y para soltar ordinarieces lunáticas en el entorno de Jorge Javier Vázquez.

Dicho de otro modo, las bufonadas ultras del rapero no tendrían ninguna importancia, menos aún trascendencia, de no ser porque los Echeniques y demás marmotas que sestean en las bancadas de gobiernos y parlamentos abanderan esa causa y quieren azuzar el fuego de la discordia para tapar su incompetencia mientras arde el paisaje de un país arrasado desde que el PSOE de Sánchez aposentó su negligente marasmo irresponsable.

Si dejas fuera el período de Felipe y Guerra, el PSOE es la mayor desgracia que le ha ocurrido a España en varios siglos.

He dicho.




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