El tiovivo de las Autonomías

Como estamos a un año de cumplir la cuarentena constitucional, y no es previsible que se resuelva el grave problema con los separatistas catalanes tras las inminentes elecciones del 21 de diciembre, algunos tocan a rebato para emprender con urgencia una reforma de la Constitución como si fuera la manera más idónea para solucionar esta y otras cuestiones. 

Pero lo más sorprendente llega cuando nos explican que el sentido de su reivindicada reforma, consistiría en «ahondar» y «profundizar» más aún en las competencias de las Autonomías, reconociendo que ya hemos superado aquello (tan erróneo) de las nacionalidades del artículo 2, para pasar a reconocernos constitucionalmente como ¡una nación… de naciones! Con tan mágica fórmula se trataría de alcanzar una especie de federalismo «avanzado», donde resulta fácilmente previsible que los vínculos de las regiones, entre sí y con el Estado, quedasen aun más laxos de lo que ya se encuentran tras tantos años de una interpretación y aplicación del Título VIII de la Constitución siempre (qué casualidad) a favor de los hechos diferenciales y del distanciamiento entre unos y otros. Porque si el Estado de las Autonomías se ha caracterizado por algo, tal como se ha ido desarrollando, ha sido por generar desigualdades, recelos y resentimientos entre las diferentes comunidades españolas.

Pero no. Lo que nos dicen los grandes intelectuales de la pobre política española es que ante los excesos exasperantes e insolidarios de algunas Autonomías, que tan caro nos están saliendo, la solución vendría de aumentar la diferencia y no la cohesión. Cuando algunas comunidades se han comportado como un tiovivo alocado que ha ido adquiriendo excesiva velocidad, alcanzado una fuerza centrífuga que amenaza con lanzarnos a todos por los aires, la mágica fórmula que ahora nos proponen esas brillantes cabezas, es conceder mayor potencia a la plataforma giratoria a ver si de una puñetera vez acabamos por fin todos destrozándonos la crisma. ¡Fabulosa solución! Pero justo lo contrario de lo que dicta el sentido común, siempre que el sentido común tome como norte y guía mantener la unidad e integridad de España, así como la igualdad en derechos y obligaciones de todos los españoles, residan en la región española que residan.

Lo peor de este asunto es que una reforma restrictiva de las competencias de las Autonomías, que sería lo más aconsejable y que cuenta con no pocas voluntades de españoles, se topará con la frontal oposición de los poderosos partidos políticos ya instalados en el poder y que ocupan con «sus gentes» desde hace muchos años las múltiples instituciones de nuestra inagotable Administración.

Pues si en España hemos descubierto últimamente algo digno de figurar entre las grandes aportaciones de la humanidad, es que no existe mejor invento para colocar políticos y afines (así como para atribuirse y despejar responsabilidades en cada caso), que el insaciable, voraz y cizañero Estado de las Autonomías.


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