¡Tierra, trágame!

Con la pandemia ya royéndonos los huesos y trepándonos por los balcones, pero aún sin despertar, el 13 de marzo dije que los italianos “se hablan entre ellos en 40 dialectos y no se entienden…, abominan del Sur y los del sur odian el norte…, se estafan en los negocios y se roban las carteras…, conducen a contramano…, el fútbol les hace matarse…, el condimento de la pasta es asunto de navajas…, la forma de tratar el pescado les lleva a odiarse… engañan a sus madres y se roban las novias…, pero sale alguien con una bandera y grita ¡Viva l’italia! y no hay nadie que tenga los santos cojones de permanecer sentado”…
Y esa diferencia con España puede resultarles decisiva. A su favor, claro.
La imprevisión del Gobierno de Sánchez empieza a resultar dolosa incluso a ojos de la Fundación Konrad Adenauer que asesora a Ángela Merkel y que podría denunciarle ante la Justicia europea por su despendolada imprevisión culpable. 
La UE negará la clase de apoyo que solicita Sánchez porque, entre otras cosas, no sólo desafió al BCE antes de la crisis con incumplir todas las exigencias de gasto y ajuste presupuestario, sino que luego incurrió en la frivolidad partidista de alentar el 8-M cuando tocaba adoptar medidas responsables.
Cuando el virus chino presentó sus fauces en Italia, aún faltaban algunas advertencias protocolarias de los más altos organismos de alerta y esas dos o tres semanas de antelación en el contagio en masa pueden apuntarse en su descargo.
El avance del proyecto de presupuestos de Sánchez a la UE antes de la epidemia revelaba ya sus intenciones de gasto expansionista contra los criterios encomendados y los ejecutivos europeos encontraron sin dificultad que la recaudación prevista por el sanchismo bolivariano era puro humo. Pero es que luego Sánchez se atrevió a hacer declaraciones repetidas que cuestionaban la encomienda y que amenazaba con saltarse.
Pues bien, quien a hierro mata, a hierro muere, y nos visitarán los “hombres de negro”, que aprendieron a hablar en griego y a partir de ahora lo harán en español (ni catalán, ni vasco, ni gallego…, ni más pepinillos en vinagre).
Estábamos cerca de convertirnos en aportadores netos de la UE y contarnos veinte (aunque yo no tengo dudas de que habríamos arruinado esa posibilidad en esta legislatura) , pero nos han comido las cuatro fichas del parchís que nos obligan a empezar el juego desde el casillero de inicio.
El propio Sánchez se ha dejado comer la última ficha que nos quedaba en el tablero, la de S.M el Rey, permitiendo que sus socios bolivarianos acorralen su figura mediante una filtración de cloaca sobre el Emérito Juan Carlos I, consintiendo una cacerolada y ahora despenalizando con nocturnidad en un decreto las injurias a la Corona.
No nos queda mucho más a lo que agarrarnos, aunque todavía pienso que sólo si sale S.M. el Rey los españoles se sentarán a escucharle como una última esperanza. Una más, me temo. Y dependerá de lo que diga. No más.
El horizonte límpido del que necesitó autoconvencerse Sánchez para formar un gobierno de apoyos disparatados y equilibrio tan inestable, se le ha llenado de nubarrones y tormentas que desaconsejan por completo salir de pesca.
Ya no valen entelequias y puede abrumar el plasma de palabras vacías y de meriendas infantiles de manos limpias tantas veces como quiera, pero en estas condiciones no puede apetecerle desplegar velas y zarpar ni al más bravucón de los filibusteros ni al más valiente de los bucaneros.
¡Tierra, trágame!…, estará pensando. Alguien tendrá que despertar y lanzar el grito de ¡Viva España!… y a ver qué pasa.
He dicho.

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