Tibhirine

 

Tibhirine quiere decir jardines en taqbaylit, una de las variedades de la lengua bereber en Argelia. Tibhirine es, también, un pueblo a 100 kms. del sur de Argel en el que, a pesar de su nombre, se vive sin florituras.

Con un clima continental duro, los veranos son achicharrantes y los inviernos gélidos; allí fue donde siete monjes trapenses franceses sufrieron el martirio, siendo decapitados hace veinticinco años por un grupo extremista musulmán.

Para aquellos que estén menos familiarizados con las órdenes monásticas, les diré que la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, conocida como Trapa, es una orden católica reformada, cuyos miembros son popularmente conocidos como trapenses. Siguen la regla la de San Benito (Ora et labora), que aspiran seguir sin lenitivos. Nacieron en 1664 como una ramificación de la Orden benedictina del Císter (de 1098), que a su vez se originó como una reacción de la relajación que consideraba que tenía la Orden benedictina de Cluny (de 910), queriendo volver al espíritu original de la Orden de San Benito (de 529).

Los únicos monjes supervivientes, Jean Pierre Schumacher y Amédée, se libraron de ser secuestrados aquella fatídica noche del 26 al 27 de marzo de 1996 porque había dos invitados, y los terroristas sabían que aquella comunidad era de siete personas; Schumacher falleció el pasado domingo 21 de noviembre, y gracias a él conocemos detalles de aquel terrible secuestro.

El 30 de mayo de aquel 1996, las cabezas de los siete monjes secuestrados fueron encontradas en bolsas de plástico junto a la carretera, cerca del pueblo de Medea, entre ellas las de Luc, un médico que llevaba más de 47 años en Argelia y que lo mismo asistía a partos que curaba gratis a casi 80 personas al día, todos ellos habitantes musulmanes de la región. Los cuerpos nunca fueron localizados, y dos décadas después, tras numerosos artículos, libros, investigaciones, e incluso una película, “De dioses y hombres” (2010), merecedora del Gran Premio del Jurado de Cannes, esta tragedia aún no se ha resuelto.

Esta comunidad se había formado en los difíciles años 60, tras el conflicto franco argelino, y había conseguido asentar un fructífero diálogo cristiano-musulmán que le había llevado a la creación de unos encuentros bianuales con musulmanes sufíes, pero dejaron de celebrarse en 1993, cuando a tres kilómetros de su monasterio asesinaron a monjes croatas y bosnios.

Son diversas las hipótesis sobre la autoría de estos asesinatos: que si fue el GIA, grupo islamista armado surgido con motivo de la anulación de las elecciones de Argelia en diciembre de 1991; que si lo hizo el propio ejército argelino de forma no premeditada en un ataque contra los islamistas, o si fueron los secuestradores, no pertenecientes a ningún grupo organizado, los que perpetraron los crímenes al verse asediados.  

El único afán de aquella comunidad era ayudar a los habitantes de la zona y demostrar que la convivencia de los hermanos musulmanes y cristianos, hijos del mismo padre, Abraham, era posible. Hombres de paz respetados y queridos por todos. De hecho, la población civil llevó los ataúdes a las tumbas,  cada uno echó un puñado de tierra sobre sus cuerpos (una prerrogativa reservada a familiares muy cercanos) y, al final, todos se abrazaron, los civiles y los dos monjes supervivientes, como una misma familia. Los abrazos se convierten en la mejor arma para conquistar a otra persona.

El padre Jean Pierre Schumacher (último superviviente de Tibhirine) vivió sus últimos  veinticinco años en el monasterio de Notre Dame de l’Atlas de Midelt (Marruecos) en una habitación dedicada a sus hermanos mártires.

Aquella pequeña comunidad del Atlas, que vivía en proximidad con sus vecinos argelinos, testimonió hasta el final de sus días la amistad y la fidelidad a una vida monástica radicada en tierra del Islam, y su ejemplo continúa inspirando a muchos hombres y mujeres de hoy, de toda condición que desean vivir esta fraternidad. Bajo los auspicios de la “Association des écrits des 7”, que reúne a familias, amigos y a la Orden Trapense, se pretende rendirles homenaje y permitir que se conozcan sus escritos y su testimonio.

Hoy, su herencia espiritual se vive en la presencia reconocida y apreciada de la iglesia católica en Argelia, cuya influencia se puso de relieve  con la beatificación de los mártires el 8 de diciembre (día de la Inmaculada Concepción) de 2018 en Orán.

En estos días en que los cristianos festejamos el nacimiento del Niño Dios, el testimonio de estos monjes es una garantía de que el amor de Jesús, como proclama el último versículo del evangelio de san Mateo, estará con nosotros hasta el final de los tiempos, para curarnos, cuidarnos y acompañarnos.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com 




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4 Comments

  1. Didaqus J dice:

    Amén, Alberto!! Ya sabes lo que se dice de los mansos de corazón…FELIZ NAVIDAD todo el año.

  2. Pedro dice:

    No conocía esta historia, muchas gracias por compartirla. Como cada semana un placer leerte.

    Un saludo,
    Pedro.

  3. Charo dice:

    Lo que más me gusta es la diversidad de tus artículos.
    Gracias por compartirlos.

  4. José Antonio Molino dice:

    Amigo Alberto, mil gracias por esta historia que conocía. Parece una historia de otros tiempos, pues hoy en día tenemos la impresión de que no se persigue a las personas a causa de su fe, cuando son los cristianos los que más padecen persecución. También al igual que en otras épocas, la presencia benefactora de los monjes es referencia para consuelo espiritual y material de todos. Para meditar

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